jueves, 15 de julio de 2010

Shabat Jazón. Haftarot de Ben Hametzarim (III) בין המצרים.Haftarot de las tres semanas


Shabat Jazón (previo a Tishá BeAv)

En el Shabat previo a Tisha beAv, parashat Devarim, leemos la Haftara (lectura adicional de los Profetas) del libro de Isaias que comienza diciendo:


"Jazon Ishaiahu ben Amotz...", la vision de Isaias hijo de Amotz, en que el Profeta advierte al pueblo en los dias previos a la destruccion del Templo, que se arrepienta de sus malas acciones a fin de evitar la tragedia. La Haftara finaliza sin embargo con un mensaje optimista, pues si bien Tisha beAv es la exteriorizacion de un hondo dolor, tambien conlleva la semilla de la esperanza en una pronta Redencion. En nuestras manos esta que se concrete.

Recordemos que toda vez que hemos tratado de asimilarnos a otras culturas abandonando el cumplimiento de los sagrados preceptos de la Tora, hemos provocado nuestro propio castigo, por mano de distintos enemigos que han sido los ejecutores de turno.

Fortalezcamonos todos los dias en el estudio de la Tora, la unica fuente para mantener bien firme nuestra fe, amemos a nuestros semejantes y practiquemos mucho jesed (bondad, solidaridad) y tzedaka (caridad) en cuanta ocasion se nos presente.

Haftarat Devarim

Esta semana, antes de Tishá Beav, leeremos la última de las tres haftarot de desgracia para el pueblo de Israel. En esta profecía el profeta Ieshaiahu (Isaías) - en nombre de D'os - se dirije al pueblo de Israel con durísimas palabras de reprimenda por pecados que serían los que tal vez, finalmente provocarían la destrucción del Templo de Jerusalem.

"Escuchen los cielos y oiga la tierra,
pues D'os ha hablado:
Hijos he criado y he elevado,
mas ellos se revelaron contra Mí"
(1:2)

A partir del versículo once de nuestro capítulo, Ieshaiahu transmite la queja de D'os, de que a pesar de que el corazón de ellos se había alejado completamente de Él, ellos seguían trayendo sus sacrificios al Templo como si nada hubiera cambiado. Dice el profeta, en nombre de D'os:

"No sigan trayendo ofrenda vana,
incienso abominable es para Mí"
(1:13)


Para explicar el significado de estas palabras, Rabí Meir Simjá Hacohén (1843 - 1926) en su libro "Méshej Jojmá" nos recuerda las palabras de Nuestros Sabios - de bendita memoria - en el Talmud:

"Dijo Rabí Jená Bar Bazná en nombre de Rabí Shimón Jasidá: Todo ayuno en el cual no se incluyen algunos de los malvados de Israel no es valedero, como aprendemos de la jelvená [uno de los elementos que conformaban el incienso], que a pesar de que tenía feo olor, la Torá la cuenta como uno de los elementos que conformaban el incienso" (Keritot 6b).

Vemos claramente que a pesar de que algo por sí mismo carece de valor, cuando se une con otras sustancias, recibiendo las fragancias de ellas, eso le sirve para que él mismo obtenga buen olor.

La esencia del Templo Sagrado de Jerusalem era unificar al pueblo de Israel y a su corazón hacia un solo lugar. Por eso dijeron Nuestros Sabios que cada persona debe rezar mirando hacia Jerusalem, para que en definitiva todo el pueblo de Israel dirija su corazón hacia un solo lugar. Y es por eso que allí D'os siempre se comportaba con ellos en forma milagrosa constantemente, como dijeron Nuestros Sabios en la Mishná:

"Diez milagros ocurrían para nuestros antepasados en el Bet Hamikdash (Templo de Jerusalem): Nunca una mujer abortó como consecuencia del olor de la carne de los sacrificios, nunca la carne de los sacrificios despidió mal olor, nunca se vió una mosca en el lugar donde eran matados los animales, nunca el Sumo Sacerdote sufrió una polución en el Día del Perdón, nunca las lluvias apagaron el fuego de los leños que allí se encontraban, nunca el viento desvió la columna de humo, nunca se encontró defecto en el sacrificio del omer, en los "dos panes" (de Shavuot) y en el pan del Templo, cuando estaban parados estaban apretujados, mas cuando se prosternaban lo hacian espaciosamente, nunca una serpiente o un escorpión dañó a alguien en Jerusalem y nunca un hombre le dijo a su prójimo: 'El lugar es demasiado estrecho para que pase la noche en Jerusalem'" (Avot 5:5).

Mediante este comportamiento milagroso, D'os le demostraba al pueblo de Israel que a pesar de que cada parte del pueblo por sí misma no merecía que Él la conduzca a través de Su providencia particular sobrenatural, de todas maneras la unión general del pueblo de Israel sí merecía que D'os la observe bajo Su supervisación milagrosa. La razón para esto es que en esa situación de unidad completa del pueblo, los defectos particulares pasan tan desapercibidos que es como si no existieran, y todos tuvieran buen olor: algunos por su veneración a D'os, otros por su rectitud, otros por su amor al pueblo de Israel, otros por su caridad y otros por su estudio de Torá.

Una minjá (ofrenda) no podía ser ofrecida en el Templo de Jerusalem por dos personas, sin embargo la congregación sí debía ofrecer menajot, puesto que la comunidad en su totalidad es considerada como si fuera un solo individuo, ya que en una comunidad todo individuo está interrelacionado con su prójimo sirviéndolo y ayudándolo, así como en el cuerpo humano cada miembro está relacionado con el otro, sirviendo al todo, en función de un objetivo común dictado por el cerebro.

Ahora podremos comprender mejor las palabras del profeta Ieshaiahu:
"No sigan trayendo ofrenda vana,
incienso abominable es para Mí"
(1:13)

D'os se quejó en contra del pueblo de Israel y les pidió que no sigan trayendo su ofrenda, ya que por cuanto que ellos perdieron ese nivel de unión que antes poseían, queriendo tragar cada uno a su prójimo, cada uno se separó, yéndose por su lado, y por eso dice: "No sigan trayendo ofrenda vana, incienso abominable es para Mí". En un incienso en el cual cada uno de sus componentes recibe la fragancia de su prójimo, también la jelvená tiene un aroma agradable, pero cuando cada uno de los componentes de ese mismo incienso está separado de los demás, ese incienso es abominable, así como lo es la jelvená, que por sí misma tiene feo olor.

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