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miércoles, 21 de abril de 2010

Parashá Shavua: Ajaré Mot (Después de Morir) - Kedoshim (Santos) 10 Iyar 5770 - 24 Abril 2010: ENFOQUES


"Tras la muerte de los dos hijos de Aharón..." (Vayikrá 16:1)

La persona que oye las malas lenguas y no realiza ninguna objeción o, por lo menos, demuestra desagrado, en realidad está de acuerdo con lo que se dijo. Es como si ella misma hubiera pronunciado esas palabras, y por lo tanto, es merecedora del mismo castigo.

Cuando los Bnei Israel viajaban por el desierto, Moshe y Aharón los conducían, seguidos por Nadav y Avihu, y, luego, por el resto de la nación.

Una vez, Nadav le dijo a Avihu: "¿Cuándo van a fallecer estos ancianos, así podremos llegar al liderazgo?" Entonces Hashem dijo: "Veremos quién entierra a quién". Y Él dejó que ellos cayeran, y finalmente fueran castigados con una muerte Divina.

Se entiende que Nadav haya sido castigado, pero ¿cuál fue la culpa de Avihu? Él se quedó callado. Avihu fue castigado porque no reaccionó con el desagrado que merecían las palabras de Nadav. Y por eso, era tan culpable como su hermano.

(Najal Kadomim)

"Y él (Aharón) colocará el incienso en el fuego delante de Hashem" (Vayikrá16:13)

En la primera parte del servicio de Yom Kipur, en el Beit HaMikdash, el Cohén Gadol quemaba incienso en el Santo de los Santos.

Los Tzedukim (seduceos), quienes negaban la autoridad de la Tora Oral, afirmaban que el incienso primero debía colocarse en el fuego, en un brasero afuera del Santo de los Santos, y recién entonces el Cohén Gadol debía llevarlo adentro. El Talmud (Yoma 53) cita el versículo antedicho como prueba de lo contrario: que el incienso debía colocarse en el fuego "delante de Hashem".

En cada generación, el pueblo judío tiene sus "tzedukim", los que desean introducir todo tipo de novedades al judaísmo a partir de lo que vieron "afuera", imitando el mundo secular y trayendo "mejoras", "ajustes" y "modernizaciones" a la santidad de Israel. Los Sabios de la Torá de cada generación libran una batalla amarga y constante contra dichas "mejoras".

Lo cual no significa que la Torá se haya estancado en una época pasada. Por el contrario, la Torá le habla a cada generación acerca de todos los aspectos de la vida: a veces, introduciéndose en los más rebuscados detalles de la ciencia, a fin de expresar el modo en que se aplica la Halajá a todo lo que pertenece al mundo moderno. Pero esa perspectiva se extrae de la esencia interna de la Torá, no al revés.

La Torá se dirige al mundo moderno, no en términos de un compromiso formal, no aplaudiendo la ideología de la hora, no siguiendo los dictados de las modas del mundo. La Torá ve al mundo a través de principios intrínsecos conservados dentro de criterios inalterables.

(Basado en Hadrash ve ha Iyun)

"No imitéis las prácticas de la tierra de Egipto, en la que habitasteis..." (Vayikrá 18:3)

Un grupo de gente vive en la cima de una montaña que culmina en un brusco peñasco, tras lo cual hay un abismo de enorme profundidad. Un ciudadano con sentido cívico, por propia iniciativa, construye un vallado de seguridad para evitar que las personas se acerquen demasiado al borde del peñasco y, sin darse cuenta, se caigan al precipicio. ¿Acaso alguien va a quejarse de que esta persona está limitando su libertad de movimiento al reducir la probabilidad de que se caiga al precipicio y muera? Cuántas veces oímos decir, a aquellos que no comprenden la verdadera naturaleza de la legislación rabínica, que nuestros rabinos restringieron nuestra vida a través de leyes y prohibiciones adicionales, innecesarias y complicadas. Sin embargo, la persona que entiende la gravedad de transgredir la ley de la Torá, los devastadores efectos que tal acción tendrá en su neshamá, en su vida eterna, y en el mundo en general, se siente mucho más seguro de saber que se erigieron vallas de seguridad para evitar que caiga en el precipicio espiritual.

(Rabí Zev Leff)


“Habla a toda la congregación de los Hijos de Israel y diles: Santos habréis de ser, ya que Santo Soy Yo Hashem, vuestro Di-s” (Vayikrá 19:2)

Frecuentemente pensamos que santidad es algo que solo pocos individuos pueden aspirar tener. Sin embargo, el hecho de que Di-s dio esta Mitzvá a Moshe Rabenu diciendo "Habla a toda la congregación..." nos enseña que no solo la excepción entre nosotros es capaz de obtener santidad, sino que a cada uno de nosotros se nos ha ordenado ser Santo. Cuando fue dada la Torá en el Monte Sinai, el Midrash comenta que el versículo "Y todo el pueblo vio las voces" nos quiere decir "La Voz salió y fue dividida en muchas diferentes voces, y cada uno escuchó de acuerdo a sus fuerzas". En otras palabras, cuando una persona escuchó "no matarás", entendió que quería decir: "¡No tomes un arma y mates!" Mientras que otra entendió que si un cuerpo muerto es encontrado en los alrededores de su ciudad, se le adjudicará la responsabilidad por no haberle dado suficiente protección, comida y escolta, como si él mismo lo hubiese matado. Otro entendió no avergüences a alguien en público, porque cuando la sangre drena de su cara y se pone blanco, es como si lo hubiesen matado. Cada persona escuchó la Voz de acuerdo a su propia fuerza y talento particular. Similarmente se espera que cada judío sea santo en su nivel, porque el es una chispa individual de la santidad de Di-s.

(Rab Shlomó Yosef Zevin)

“Habla a toda la congregación de los Hijos de Israel y diles: Santos habréis de ser, ya que Santo Soy Yo Hashem, vuestro Di-s” (Vayikrá 19:2)

Generalmente el método utilizado para transmitir las Mitzvot al Pueblo Judío era el siguiente: Primero Moshé enseñaba la Mitzvá a Aharón privadamente. Luego se unían los hijos de Aharón, Nadav y Avihu. Moshé repetía la Mitzvá otra vez. Los Sabios entraban luego y Moshé la repetía por tercera vez. Finalmente, la enseñaba a todo el pueblo. Sin embargo, la Mitzvá de ser santos fue enseñada en el orden opuesto. Todos estaban reunidos y Moshé primero enseñó la Mitzvá a toda la comunidad. Esto fue para acentuar que la santidad que se le pide al judío no es la del ermitaño o el recluso, sentado en la cima de la montaña, perdido en meditación y contemplación. Por el contrario, el solo puede alcanzar la santidad de Israel a través de ser parte del grupo - la comunidad del Pueblo Judío.

(Basado en Torat Moshe)

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo - Yo soy Di-s” (Vayikrá 19:18)

Rabí Akiva afirma que este es el principio fundamental de toda la Torá. Pero, ¿cómo es posible amar a otra persona como uno se ama a si mismo? Toda la visión de una persona sobre el mundo tiende a ser egocéntrica, y aun cuando se comporta de una manera altruista, esta basado, en general, en el deseo de sentirse bien respecto de si mismo, eso no es amar a otro como a ti mismo, eso se llama ¡amarse a si mismo! Pero si leemos el final del versículo encontraremos la respuesta. "Yo soy Di-s": Cuando una persona se pone a si misma como el centro del universo en lugar de Di-s, entonces todas las otras creaciones estan a anos luz de el, porque se siente que el es unico, el centro de todo. Pero cuando sabe que el no es Di-s sino que "Yo soy Di-s" -Hashem es Di-s, entonces, como una Creacion de Di-s, el se ve a si mismo conectado con su prójimo. No existe diferencia entre “yo” y “tu”. Como todos somos expresiones de la voluntad del Creador, todo el amor que yo puedo sentir por mi mismo, podré sentir por mi prójimo.

(Rabí Mordejai Perlman)

“Ustedes deben ser santos porque Yo Soy santo” (Vayikrá 19:2)

Una persona no puede exigir que otra viva un estilo de vida correcto cuando él mismo no cumple con sus expectativas. Aun cuando las personas le escucharían él todavía no tendría el derecho de juzgar a aquellos que no siguieron las directivas que impuso. A pesar de que uno debe escuchar el consejo del doctor aunque el doctor mismo no lo siga, las exigencias morales no son las mismas que las médicas. Nuestro comportamiento debe ser consistente con los valores que nuestros hijos están aprendiendo de la Torá si queremos que ellos desarrollen su judaísmo correctamente. Similarmente Hashem dice que Él espera que nosotros seamos santos porque Él es Santo, y si no fuera por esto, Él no hubiera requerido que Israel sea santo.

(Rab. Moshe Feinstein)

“Ustedes deben ser santos... Un hombre debe respetar a su padre y a su madre” (Vayikrá 19:2-3)

La Torá yuxtapone la Mitzvá de respetar a los padres de uno con la Mitzvá de ser santo, para indicarnos una metodología para prevenir encuentros ilícitos. Los Sabios dicen que Yosef HaTzadik evitó un tropiezo fatal con la seductora esposa de Potifar porque él vio la imagen del rostro de su padre. Los cabalistas dicen que la imagen de un padre aumenta el poder de santidad en un niño y lo ayudan a sobreponerse a sus deseos por encuentros ilícitos. Por eso, una persona cuyo deseo por lo prohibido es fuerte debe imaginarse la imagen de sus padres o ancestros y esto le puede ayudar a alejarse de una trasgresión.

(Or Hajaim HaKadosh)

“Un hombre (adulto) debe respetar a su madre y a su padre” (Vayikrá 19:3)

Es comprensible que cuando somos niños, que necesitamos a nuestros padres para proveernos de comida y vestimenta, debemos honrarlos y respetarlos. Sin embargo, aún como adultos independientes que no necesitamos de su asistencia del todo, estamos obligados a tratarlos con el mismo honor y respeto que ellos merecieron de nosotros cuando niños.

(K'sav Sofer)

“No odies a tu hermano en tu corazón; debes, sin duda alguna, regañar a tu compañero judío y cargues pecado por cuenta suya. No guardes rencor y no cobres venganza... y ama a tu vecino” (Vayikrá 19:17-18)

La Torá nos aconseja que no debemos odiar a alguien en nuestro corazón cuando él hace algo contra nosotros. Mas bien debemos regañarlo haciéndole una pregunta discretamente: "¿Por qué me has hecho esto a mi?" Esto evitara que "carguemos con el pecado" y transgredir la orden "no odies a tu hermano en tu corazón". También, al decirle como nos sentimos, él se disculpará o explicará su comportamiento, lo que evitará que lo odiemos del todo. Sin embargo, después de todo esto debemos estar seguros de "no guardar rencor" o "tomar venganza" pues es posible que a pesar de que ya no lo odiemos, aún podemos tener rencor en nuestro corazón. Asi pues, la Torá nos dice que borremos todo sentimiento negativo de nuestro corazón, a modo de "amarlo como a nosotros mismos".

(Rambán)

“Amarás a tu vecino como a ti mismo, Yo Soy Hashem” (Vayikrá 19:18)

La Torá nos ordena amar a nuestro vecino como a nosotros mismos porque "Yo Soy Hashem". Ya que todos fuimos creados igualmente a la imagen de Hashem, se deduce que es nuestro deber procurar el bienestar de cada ser humano y preocuparnos por el asi como lo hacemos por nosotros mismos.

(Rab Yaacob Neiman)

“Ama a tu prójimo como a ti mismo, Yo soy Hashem” (Vayikrá 19:18)

Había una vez dos amigos. Rara vez se ha visto una amistad semejante. Literalmente hablando, no había nada que uno no hiciera por el otro, tan grande era su mutuo afecto.

Un día, uno de ellos fue acusado falsamente de cometer un pecado capital. Fue arrestado y encarcelado en el calabozo del rey. Tras un breve juicio, fue sentenciado a muerte. Su amigo no escatimó esfuerzos, ni de día ni de noche, para que lo liberaran e indultaran. Pidió audiencias con personalidades de poder e influencia. En vano.

Se fijó la fecha de la ejecución. Una mañana gris, ese hombre inocente fue caminando tristemente a la horca. Una multitud de rostros; algunos truculentos de deleite, otros llorando, se amontonaron en su ruta a la muerte. Y allí estaba tambien su amigo, con una mirada de indescriptible tristeza en el rostro.

El condenado ya estaba parado en el cadalso. El verdugo, con una capucha negra, colocó el lazo alrededor del cuello y, como un macabro sastre, lo ajustó a medida.

Varios centímetros al costado del condenado había una trampa. El verdugo probó a ver si la trampa se abriría eficientemente bajo los pies de ese pobre judío. El acusado contempló el abismo hacia donde se había abierto la trampa. Su entrada al otro mundo.

De pronto, hubo una interrupción desde la multitud. Un hombre grita: "¡¡Detengan la ejecución!! ¡¡Detengan la ejecución!!" Era su amigo. Incapaz de soportar la escena, fue corriendo hacia la horca gritando "¡¡Detengan la ejecución!! ¡¡Detengan la ejecución!!" Estan por colgar al hombre equivocado. Yo soy el verdadero culpable. ¡¡Cuélguenme a mi, no a él!!"

La multitud murmuró, sobresaltada. Era más de lo que podían imaginar. Cuando el acusado vio que su amigo estaba tratando de salvarlo sacrificándose el mismo, empezó a gritar: "¡¡No le hagan caso!! ¡¡No le hagan caso!! ¡¡Yo soy el culpable, no el, cuélguenme a mi!!" A lo que el otro respondió: "¡¡No es verdad!! ¡¡Yo fui el que lo hizo!! ¡¡Cuélguenme a mi!!"

Los dos le gritaron al verdugo, que estaba en medio de los dos. Con el grito de cada uno, la cabeza del verdugo giraba de acá para allá, y cuando los gritos escalaron en velocidad y volumen, parecía que si el verdugo llegaba a girar la cabeza mas rápido, ¡él sería el primero en perderla!

Sea como fuere, quedó en claro que ese día no habría ejecución. La multitud, decepcionada, se dispersó lentamente. El asunto llegó a oídos del rey, quien ordenó que los dos hombres se presentaran ante él.

"Muy bien, ¿qué es lo que en verdad ocurre?, preguntó el rey. ¿Por qué los dos quisieron que los colgaran? Si me dicen la verdad, los indultaré a ambos". "La verdad es que ninguno de nosotros es culpable del delito, su majestad. Somos amigos. Yo no soporté ver como mi amigo iba derecho hacia la muerte. Y decidí que daría mi vida para que el pudiera vivir". "Lo mismo ocurre conmigo", dijo el otro.

El rey contempló a ambos. Obviamente, estaba muy conmovido por lo que había oído. Entonces dijo lo siguiente: "Mantendré mi palabra y los indultaré a ambos. Pero con una condición: que también sean amigos míos".

La Torá nos enseña: "Ama a tu prójimo como a tí mismo. Yo soy Hashem". Cuando una persona ama a su amigo tanto como a sí misma, entonces "Yo soy Hashem": el Propio Hashem Se hace amigo de ambos.

Un amigo en apuros.

(Maiana shel Torá)


jueves, 30 de abril de 2009

Parashá Ajaré Mot (Después de Morir) - Kedoshim (Santos) 8 Iyar 5769 - 2 Mayo 2009

Ajarei Mot - Kedoshim – Hacércela más fácil a los retornantes.

En el párrafo bíblico semanal, la Torá nos advierte del no robar la propiedad del prójimo: “No retengas lo que es de tu compañero y no robes”.

Este pecado es de tal magnitud que Maimónides dictamina que “todo el que roba a su compañero por el valor de ‘una prutá’ (la moneda talmúdica de menor valor) es como si lo hubiese despojado de su alma”.

Esta gravedad está determinada específicamente en el robo y no en el hurto, a pesar de que en ambos casos tiene lugar una apropiación ilícita de los bienes de una persona. En el segundo caso, el ladrón es consciente de la propiedad de la persona sobre sus bienes y por ello carece de la osadía de enfrentar al dueño, apropiándose de su bien a través del hurto. A diferencia de ello, quien roba se apropia abiertamente del bien ajeno y con ello ataca un aspecto fundamental del alma humana, el derecho de propiedad de los propios bienes, y con ello lo “despoja de su alma”.

QUITAR EL ALMA

La enmienda de este pecado es un precepto de la Torá “devolverá lo que robó” El ladrón está obligado a devolver el bien robado a su dueño y a través de ello se considera como que le hubiera “restituido el alma” del despojado arreglando el pecado de “despojar el alma” implícito en el acto de robar.

Pero ¿cómo es la ley cuando el objeto robado ya no existe? Maimónides dictamina: Si lo robado ya no existe y el ladrón desea arrepentirse y vino por iniciativa propia y devolvió el valor de lo robado, dispusieron los Sabios que no debe aceptárselo, sino que debe ayudársele y perdonarlo, para acercar el camino recto a los retornantes” (No así quién hurtó, es decir, robó a escondidas, que siempre debe pagar)

ARREPENTIMIENTO SINCERO

La explicación de ello es la siguiente: mientras que existe la posibilidad de devolver el elemento robado, es una mitzvá hacerlo, ya que a través de ello se enmienda lo más grave del acto de robar- “el despojo del alma” .

Pero cuando el bien ya no está, no puede arreglarse este aspecto del robo y lo máximo posible es indemnizar al damnificado por el daño sufrido con el robo. En este caso decretaron los Sabios la “disposición para el arrepentido”, para hacer más fácil el camino del retornante.

Pero esta disposición se instauró sólo en caso de que “el ladrón quiso arrepentirse y vino por propia iniciativa y devolvió lo robado. Con este acto, el ladrón demostró la sinceridad de su arrepentimiento y el reconocimiento de la potestad del dueño del objeto robado. Así el ladrón rectifica su pecado, y por ello nuestros Sabios vieron apropiado hacer accesible el camino del arrepentimiento y ordenaron no aceptar dinero por lo robado.

SIN INTENCIÓN DE GANAR

De esta ley aprendemos hasta qué punto debe uno esforzarse para ayudar a un judío a retornar a la buena senda, y hacer Teshuvá. Si para “acercar el camino recto a los arrepentidos” dispusieron los Sabios que la persona resigne a su dinero, cuánto más debemos esforzarnos para ayudar el acercamiento de un judío a su Padre Celestial.

El activar en acercar a los judíos a la Torá debe hacerse sin intención de rédito personal- ni material o espiritual (por la recompensa en el mundo Venidero y similares), el único interés debe ser lisa y llanamente: acercar al judío a Di-s, incluso a costa de pérdida “personal”. Y cuando los judíos retornan a Di-s de inmediato son redimidos en la verdadera y completa redención a manos del Mashiaj.

(Likutei Sijot Tomo 32, pag. 112)
Kedoshim - Amar a otro iehudí: ocupación y tarea

"AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO" (Levítico 19, 18)

En esta parshá figura el precepto Divino de amar al prójimo como a uno mismo. Rabí Akiva expresa sobre ello: " es una regla principal de la Torá". Rabí Israel Baal Shem Tov, colocó este mandato como uno de los pilares del movimiento que fundó, el movimiento Jasídico. Rabí Levi Itzjak de Berdichev era conocido por el intenso Ahabat Israel ,amor a otro iehudi, que ardía en su corazón. Inclusive ganó el título de "abogado defensor del pueblo judío". Rabí Levi Itzjak reveló que esta visión y actitud se instaló en su ser como consecuencia de una enseñanza especial que escuchó de su maestro Rabí Israel Baal Shem Tov.

No permanecer en casa esperando

Dicha enseñanza es sobre la Mishná de Pirkei Avot (Cáp. 2 Mishná 2) que dice: "todo estudio de Torá que no está combinado con un trabajo, cesará", el Baal Shem Tov explicó que "trabajo" se refiere a la dedicación en el amor al prójimo. Para que la Torá tenga fundamento, debe unírsele Ahabat Israel. El énfasis está en el término "trabajo", es decir, que el cumplimiento de este precepto debe transformarse en una ocupación, cuya dedicación debe ser similar a la de un profesional en su área, o un comerciante a su trabajo. Así como el vendedor no se queda sentado en su hogar aguardando que alguien se entere de la existencia de su mercadería y venga a comprarla, sino abre un negocio en un punto estratégico, cuelga un cartel en la puerta e invierte toda su energía para difundir la mercadería que ofrece a través de diferentes medios, para que vengan a adquirirla.

Saber qué falta

De la misma forma, debemos ocuparnos del amor al prójimo. No debemos esperar hasta que nuestro compañero venga a nosotros y nos pida ayuda, sino debemos pensar y buscar la forma de ayudarlo, averiguar qué necesita, tanto material como espiritualmente, y entregarse con todo el ser para cubrir esa necesidad. Esta es la forma correcta de "trabajar" en del amor al prójimo.
El Baal Shem Tov enseñó que la forma de acercar a otro judío al espíritu de la Torá y las Mitzvot es, haciéndole un bien en el plano material.

Además de cumplir con el precepto de amor al prójimo, esto provoca en el espíritu de nuestro prójimo un acercamiento, hasta convertirlo en un recipiente para espiritualidad.

El hacer un bien a otro no debe existir un fin oculto, sino debe hacerse el favor incondicionalmente, sólo que la ayuda material logra también una cercanía hacia lo espiritual por parte del receptor.

La tarea completa

La perfección en la Mitzvá de Ahabat Israel se logra cuando se consolida completamente al compañero hasta que él mismo puede ayudar a otros.

Lo mismo, en el plano espiritual del cumplimiento de la Torá y sus preceptos, cuando se ha logrado que nuestro compañero esté en condiciones de transmitir y ayudar a otros, entonces hemos alcanzado la excelencia en esta Mitzvá.

Hay quienes argumentan que no se sienten capaces de enseñar a otros. Deben saber que no es así. Nuestros Sabios nos dicen en Pirkei Avot: "¿Quien es sabio?. Aquel que aprende de toda persona". De aquí que cada cual posee algo único, y eso puede transmitirlo a otros. En ese punto es "rico" y debe ayudar compartiéndolo con los demás.

Cuando un iehudí ayuda o enseña a su prójimo, se cumple con ambos el versículo de Mishlei: "Di-s Ilumina los ojos de ambos", el Todopoderoso otorga a ambos, al dador y al receptor, un sinfín de bendiciones del Cielo.

(Likutei Sijot, tomo 1 Pág. 260.)

http://www.jabad.org.ar

Parashá Ajaré Mot (Después de Morir) - Kedoshim (Santos) 8 Iyar 5769 - 2 Mayo 2009

Resumen de la Parashá Ajaré Mot

Con posterioridad a la muerte de los hijos de Aharón, Nadav y Avihú, el Eterno habló a Moshé para que transmitiera a su hermano que entrara al Santuario una vez al año, en el día de Yom Kipur (Día del Perdón). Ese día se expiarían los pecados cometidos por la comunidad. El Todopoderoso detalló cuales vestimentas debía ponerse el Cohén Gadol, todas de lino y de color blanco. Debía ofrendar dos machos cabríos y un carnero, para expiación de pecados de la congregación, y el Sumo Sacerdote, por sus pecados, un novillo. El ritual incluía incienso que debía arrojar sobre carbón encendido del Altar hasta quedar ésta envuelta en humo.

Continuaba sacrificando uno de los dos machos cabríos sobre el que confesaba los pecados de la comunidad y lo arrojaba por un precipicio. Luego tomaba el otro cabruno y colocando sus manos sobre la cabeza del animal, confesaba todas la iniquidades de los Hijos de Israel. El animal luego era llevado al desierto.

El Eterno ordenó que todo este ritual, sea “ley eterna” para el Pueblo de Israel y que el día diez del mes séptimo, todas la almas de sus miembros debía afligirse (ayunar), y observar esa fecha como un Shabat de mayor solemnidad, no trabajando y arrepintiéndose de todas las malas actuaciones. Esta es una fecha de estricta observancia por parte de los Hijos de Israel: Yom Kipur.

La parashá continúa recordando que todos los sacrificios debían ser ofrecidos únicamente en el altar del Santuario, ya que realizarlo en cualquier otro lugar, se consideraría una idolatría.

Hashem prohibió comer carne de un animal muerto o desgarrado, no proveniente de matanza. También fue prohibido ingerir sangre de cualquier animal.

El Eterno ordenó al Pueblo conducirse en un alto grado de moralidad, para así continuar siendo el pueblo elegido por el Todopoderoso.

Resumen de la Parashá Kedoshim

En el comienzo de esta parashá el Todopoderoso le transmite a Moshé una exhortación para el Pueblo de Israel, quienes debían ser “santos” (kedoshim). Este alto grado de espiritualidad comprendía el respeto a los padres, la observancia del Shabat, la no-adoración de ídolos.

Se prohíbe comer de ofrendas luego del segundo día de ofrecida, y por ello debía quemarse. Cuando se coseche lo sembrado, se dejará sin recolectar los límites del campo y las espigas caídas, que quedarán para los pobres y los forasteros. No se debe comer de frutos de árboles dentro de los primeros tres años de plantados.

Se prohíbe tatuarse o mutilar partes del cuerpo. No se pueden hacer mezclas anormales, como cruza de animales, entretejido de lana y lino (shaatnez), etc.

Recuerda el Eterno la prohibición de robar, de mentir al prójimo, calumniar. Los Benei Israel deben comportarse honestamente, no debiendo demorar la remuneración a sus obreros, como observar que la balanzas y pesas sean exactas. Los jueces deben ser imparciales en sus dictámenes.

El judío no puede acudir a nigromantes ni a adivinos, ni practicar adivinanzas o magias. Está prohibido cortarse los contornos del cabello y de la barba.

El judío debe ser compasivo, considerado, amar a sus semejantes como a sí mismo.

Son reprimidos los pecados de adulterio, violación y perversión.

Los Hijos de Israel deben observar una vida de pureza y moral

http://www.mesilot.org