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jueves, 1 de noviembre de 2012

3 preguntas - 3 respuestas

PREGUNTA: ¿No son las leyes judías restrictivas? ¿No limitan el goce de la vida?
RESPUESTA: Si, muchas leyes del Judaísmo son restrictivas; casi todas las leyes lo son. Son restrictivas por cuanto tienen por objeto procurar que el hombre evite hacer aquello que lamentaría mañana. Una persona puede gozar momentáneamente de la euforia inducida por el alcohol pero lamentablemente ésta le producirá luego un malestar. Una persona puede permanecer espiritual y moralmente pura únicamente si se limita en sus actividades. Por esta razón el Judaísmo exige del judío que se limite en su dieta, en su modo de vestir, en sus acciones en Shabat y las festividades, en sus relaciones con el sexo opuesto y en su tendencia a privar a los demás de sus derechos. Todo esto no tiene por objeto hacer miserable al hombre sino elevar su felicidad a un plano más alto. Una relación sincera y profunda con el cónyuge entraña mayor júbilo que un encuentro casual.
Algunas personas tal vez sostengan que la libertad absoluta es absolutamente necesaria. Esto podría parecer correcto en teoría pero en la práctica no es viable. La libertad absoluta permite que todos satisfagan sus propios objetivos personales aunque ello signifique pisotear los derechos de los demás. La libertad absoluta puede traer aparejadas olas de asesinatos, robos y violaciones -familias que se desintegran y sociedades que se derrumban-. La libertad absoluta permite a una persona destruir su cuerpo excediéndose con la comida y los estupefacientes. Es evidente que se requieren algunas restricciones por el propio bien del hombre. El judaísmo limita los impulsos dañinos del hombre para permitir que surja su naturaleza noble.
Sin embargo, no debe cometerse el error de pensar que el judaísmo favorece el asceticismo, o las privaciones por simple amor a las privaciones. De hecho, el Judaísmo rechaza la Idea de que el hombre existe para sufrir sobre la Tierra, y de que debe privarse de todo placer. Por el contrario, el Judaísmo cree que los placeres del mundo fueron creados para que el hombre los disfrute, y que cuando se rechazan todos estos placeres, se rechaza la bondad Divina. Por ello el judaísmo estimula a sus miembros a celebrar jubilosamente muchas festividades, con banquetes y cánticos. Aconseja a sus miembros vestirse bien, comer comidas nutritivas y vivir cómodamente. Alienta a sus fieles a no alejarse del mundo sino a participar en él, a contraer matrimonio y a tener hijos.
"Ivdu Et Hashern" B'Simjá": —Sirve a D's con júbilo—, es una premisa básica del judaísmo. Todo aquél que haya participado en una celebración de Purim, una boda judía, conoce la dicha que pueden experimentar los judíos. Las canciones, el humor y la cocina judías son bien conocidos y disfrutados, aun por los no judíos. De hecho, los judíos religiosos participan en casi todos los aspectos de la vida actual. Sin embargo, siempre evitan la degradación, y recuerdan que su tarea en la vida es mantener la chispa de santidad que Di's les dio.
En tanto que el judaísmo permite a los judíos gozar de las alegrías de la vida, advierte que no ha de caerse en el hedonismo ni el materialismo. Se recuerda a los judíos que no se hallan sobre esta Tierra únicamente para gozar de placeres y bienes. De hecho, la presión por adquirir riquezas materiales, luchar por tener tanto o más que los vecinos ricos, y proteger las riquezas de manos de los ladrones o del recaudador de impuestos basta para hacer que el más tranquilo de los hombres contraiga úlcera. Si bien es cierto que el poseer bienes costosos, o entregarse a la bebida, a los estupefacientes, o al libertinaje, podría causar un breve placer, esta seria una felicidad superficial y pasajera. ¿Qué queda cuando se desvanece ese momento de placer? ¿Qué queda cuando se ha llegado a la adultez y se está exhausto? ¿Qué queda cuando se muere?
Lo que el judaísmo estimula es llevar una vida equilibrada. No privarse de los placeres del mundo, pero mantenerse dentro de límites razonables, sin perder el dominio de sí. Estimula el goce de los comidas y las celebraciones, mas sin atiborrarse. Alienta el logro de la felicidad perdurable que caracteriza a una familia estable, un estilo de vida sin presiones y una constante devoción a D's. Nos alienta a experimentar la satisfacción de ser miembros plenos del pueblo judío, y de saber quiénes somos y de quiénes podemos depender si necesitáramos ayuda,
Tal vez es la existencia ideal. Sólo puede lograrse en el marco estructurado y restrictivo de las leyes de la Torá.
PREGUNTA: ¿No son muchas de las leyes de la torá anticuadas y formuladas para la generación anterior? ¿Cómo puede uno ser un judío observante y vivir en el mundo moderno?
RESPUESTA: Los términos "moderno' y "anticuado" son sumamente relativos.
Lo que hoy se considera moderno puede fácilmente volverse anticuado mañana; lo que hoy parece pasado de moda puede surgir mañana como un furor nostálgico. No es necesario ser historiador para comprender cuan rápidamente cambia la gente la moda en el vestir, el peinar, las diversiones, los valores e intereses. Si el judaísmo modificara sus leyes para ajustarse a cada cambio del gusto público, no podría ser una religión estable. Sus fieles nunca podrían estar seguros de que determinada ley estuviese de moda o no esa semana.
Las leyes básicas del judaísmo guardan relación con la condición del hombre. No hay nada anticuado acerca de advertencias tales como "Honrarás a tu padre y a tu madre", o "No matarás". Son hoy tan válidas como cuando D's se las entregó a Moshé Rabeinu, nuestro maestro, miles de años atrás. Los Mishpatím (las leyes destinadas a mejorar las relaciones entre las personas), siguen siendo, sin duda pertinentes. Los pobres y los enfermos siguen siendo parte de la población mundial, y requieren tanta asistencia hoy como antes. Es preciso que se nos siga recordando que amemos a los demás como a nosotros mismos y que evitemos calumniar o lastimar a nuestros vecinos. Aunque las estadísticas de delitos sean más alarmantes que nunca, es necesario que se nos siga advirtiendo que no matemos, ni engañemos, ni robemos. No hay nada pasado de moda en relación con estas leyes.
Tampoco carecen de pertinencia hoy las festividades judías. Mediante ellas, revivimos gloriosos momentos de la historia de los judíos. Al celebrar Pesaj, Sucot, Purim, Janucá y otras festividades, nos unimos a otros judíos y mostramos nuestro orgullo de ser judíos. Y. en vista de la impersonalidad del mundo moderno y de la soledad que experimentamos en medio de la multitud, nunca hemos sentido mayor necesidad de un D's personal que se interese por nosotros. Por consiguiente, la posibilidad de acercarnos a D's por medio de la plegaria y la observancia sigue siendo vital.
Naturalmente, los nuevos descubrimientos y la tecnología han creado un mundo distinto del que existía en el momento de la entrega de la Torá. Algunas leyes de la Torá, según lo han demostrado los Sabios eruditos, son aplicables a nuevas condiciones, tales como el uso de la electricidad. Los Rabinos se basan en las decisiones de sus predecesores para emitir opiniones respecto de nuevas situaciones, del mismo modo que (l'havdil), los tribunales seculares, se basan en los procedentes de tribunales anteriores para emitir sus decisiones. Los Rabinos siguen siendo un vínculo viviente y dinámico con los códigos jurídicos del pasado, e interpretan la opinión de la Torá en relación con casos actuales, manteniéndose fieles a los ideales eternos de la Torá. Permiten así que el judaísmo haga frente a los desafíos de cualquier época.
Lo que es increíble es el modo en que el judaísmo ha prosperado en tantas naciones y culturas distintas con el correr de los años, y no sólo en Éretz Israel, sino también en Babilonia, España, Marruecos, Polonia, Rumania, Hungría, Rusia, Europa Occidental, Sudamérica, el Canadá y los Estados Unidos. Los judíos de todos estos países lograron convertirse en ciudadanos respetables y respetuosos de la ley, al tiempo que mantuvieron su lealtad hacia la religión. Sobrevivieron como judíos porque adoptaron la cultura que los rodeaba al judaísmo, en lugar de hacer lo contrario. Las leyes e ideales básicos del judaísmo han demostrado ser suficientemente eternas y universales como para poder arraigarse en distintas sociedades en diferentes épocas. No es necesario modificarlas.
No cabe duda de que uno puede ser un judío observante y un miembro pleno del mundo actual. Hay instituciones religiosas que imparten a los jóvenes judíos tanto una sólida formación en materia de judaísmo como una educación secular completa. Los programas de educación física y los campamentos que se realizan con el auspicio de instituciones judías les permiten adquirir capacitación física y atlética. Los judíos ortodoxos no tienen el menor problema para ingresar en universidades o programas profesionales. Han alcanzado cargos elevados en las mejores empresas.
Las organizaciones judas de hoy también ayudan en la capacitación de los judíos para que puedan obtener empleos, prestan servicios a los menesterosos y los ancianos, y ayudan a los nuevos inmigrantes a adaptarse a la nueva vida, como judíos en un nuevo país. Aunque podrían presentarse algunas dificultades, no existen obstáculos importantes que se opongan en el camino de aquél que desee a un tiempo ser religioso y lograr éxito en la sociedad. Con un poco de esfuerzo pueden lograrse ambos objetivos.
PREGUNTA: ¿Por qué hay algunos judíos que afirman ser observantes pero que no poseen admirables cualidades?
RESPUESTA: Si una casa se derrumba, ello no significa que fue por culpa del proyecto. Podría tratarse de un problema de construcción.
Lo mismo sucede en el caso de un judío que no actúa correctamente. Su proyecto de vida -la Torá- es perfecto. Si todos sus hombres observasen sus leyes y su espíritu orientador, surgirían sociedades modelos. El hecho de que algunas personas que dicen ser judíos observantes actúen de manera incorrecta indica que la persona de que se trata tiene problemas, y no la Torá. En suma, la persona no vive de acuerdo con los elevados ideales de la Torá, Todos podemos caer en el error. Los judíos observantes también pueden dejarse llevar por impulsos de orgullo, codicia, envidia, odio. Tal vez tuvieron una infancia desdichada, o adolecieron de una formación educacional incompleta. Tal vez no se muestren tan amistosos con los demás como deberían hacerlo, ni tan dispuestos a ser bondadosos con sus semejantes como a mostrar su fidelidad a D's. Tal vez a veces resulte más fácil ser más fiel a la letra de la ley que a su espíritu.
Sin embargo, tal comportamiento es inexcusable. Aquéllos que se presentan ante el mundo como judíos ortodoxos tienen la obligación especial de proyectar una imagen positiva de sí mismos ante los demos. Deben esforzarse denodadamente por ejecutar actos de bondad, y evitar la corrupción y la codicia. Después de todo, el mundo juzgará a los judíos según su comportamiento.
Si muestran indiferencia o una actitud sospechosa, los enemigos de los judíos se deleitarán. Serán una prueba viviente para quienes menoscaban la religión.
Extraido de la revista El Kolel con la autorización de sus editores
 

viernes, 21 de agosto de 2009

El Valor de la Mujer en el Judaismo

A lo largo de la historia de la humanidad, el papel de la mujer en este mundo ha tomado distintos matices y muchas veces ha sido mal interpretado y despreciado. Sin embargo, mediante un estudio auténtico, basado en nuestras fuentes, podremos llegar a obtener una visíon clara del rol de la mujer en este mundo, y especialmente en la vida del hogar judío.

La Creacíon de la Mujer

La Torá nos cuenta que después de que D'os creó al primer hombre, lo durmió y separó de éll a quien sería su esposa, Javá, pues él había visto que estaba solo y necesitaba una compañía. A Javá la Torá la llama "ézer kenegdó" - es decir, una ayuda para él.

Dicen los Sabios que Adam no llegó a ser íntegro y completo hasta el momento en que Javá fue creada. Es decir, que el concepto de ser "una ayuda para él" significaba complementarlo. De aquí aprendemos que para que el hombre pueda cumplir correctamente su función en este mundo, necesita a la mujer. Y por eso se debería categorizar al hombre como el "sexo débil", pues fue él el que necesitó de la ayuda de su mujer, y no al revés.

Por otro lado, la Torá dice en Génesis 2:23: "Adam dijo: Esta vez, este es hueso de mis huesos y carne de mi carne". Esto nos enseña que también la mujer necesita del hombre para estar completa. Toda mujer, así como Javá, es "la madre de toda vida" (3:20). Ella es la renovadora eterna de la humanidad, la que da a luz a nuevas vidas y da forma a su relación con el hombre. Y es por esta razón que la mujer necesita al hombre para poder llevar a cabo su función y cumplir junto con él, el propósito de la vida. En definitiva vemos que uno sin el otro no pueden llegar a ser íntegros ni completos.

Más aún, a pesar de que las diferencias físicas que existen entre el hombre y la mujer nos muestran sus diferentes roles, puesto que ambos fueron creados a imagen de D'os, así como está escrito en Génesis 1:27: "Entonces D'os creó al hombre a Su imagen y semejanza; a imagen de D'os Él los creó; hombre y mujer Él los creó", esto nos debería enseñar que, de hecho, la mayor parte de sus funciones en este mundo son similares. Los dos fueron creados con la suprema función de servir a D'os, y este concepto de espiritualidad es la que le da propósito y significado a sus vidas.

Transmitiendo Nuestros Valores

En la vida judía, la mujer es la base de nuestra existencia como pueblo y la encargada de transmitir nuestros valores de generación en generación. Esta función le ha sido encomendada a la mujer en la revelación de D'os en el monte Sinai, así como está escrito en la Torá: "Moshé ascendió a D'os y Él lo llamó desde la montaña diciendo: Así dirás a la casa de Iaacov y relatarás a los hijos de Israel" (Shemot 19:3).

Los Sabios nos enseñan que al decir "la casa de Iaacov", el versículo se refiere a las mujeres, y al decir "los hijos de Israel", se refiere a los hombres. Además, al referirse a la casa de Iaacov la Torá dice "así dirás", mientras que respecto de los hijos de Israel, el texto dice "y relatarás". Y esto nos enseña que a ellas se les debe hablar con una voz suave, y no en forma dura y firme (como a los hombres), pues ellas son más sensibles. En verdad, no es necesario hablarle a la mujer con un tono de voz fuerte o estricto pues ella es delicada y agradable, y es por eso que puede entender las cosas de esta misma manera, y un tono de voz suave es suficiente para que ella capte el mensaje. Pero si todo el propósito de Moshé al hablarle a las mujeres fue pedirles que acepten la Torá, ¿por qué fueron mencionadas primero?

La respuesta es que estas palabras no se refieren sólo a la aceptación de la Torá sino que tienen un significado mucho más profundo. Lo que se le transmitió a las mujeres fue su misión, su propósito en la vida. A ellas se les dijo que serían las que transmitirán el mensaje al pueblo judío. Ellas serían las que tendrían que hacerse cargo siendo las maestras del pueblo judío. Y esta es la razón por la cual se les hablá primero a ellas, dándoles prominencia, pues las enseñanzas de la madre significan mucho más para el niño que las del padre.

Sin embargo, nosotros sabemos que la mujer no está obligada a enseñarle a su hijo, entonces, ¿por qué aquí se le dice a ella que lo haga?

La razón es porque la enseñanza a la cual nos referimos aquí es la enseñanza que precede a todas las demás enseñanzas: la enseñanza del jesed (benevolencia). Es la benevolencia de la madre más que la firmeza del padre la que le dará al niño un hermoso e ideal amor por la Torá. Entonces, el niño tendrá un amor natural por la Torá, por la belleza y por el jesed que ésta contiene.

Torá sin jesed no es Torá. La Torá de la madre es el jesed, y esta Torá debe ser transmitida primero - antes que la del padre.

Grandes Mujeres de Nuestra Historia

Esta importante función que la mujer desempeña, es vista en los grandes momentos de la historia judía, donde la mujer muchas veces ha jugado un rol destacado. De hecho, los Sabios nos enseñan que por el mérito de la rectitud de las mujeres fuimos redimidos de Egipto. Además, el Talmud nos enseña que siete mujeres de nuestro pueblo han llegado al nivel de la profecía: Sará, Miriam, Deborá, Janá, Avigail, Juldá y Ester.

En muchos relatos bíblicos se nos muestra a la mujer actuando con inteligencia, modestia, diligencia, hospitalidad, humildad, compasión, etc. Sará, aconsejó a su marido Abraham. Rivká, percibió al verdadero merecedor de las bendiciones de Itzjak. Rajel, entregó la palabra clave a su hermana Leá en la noche de su casamiento, para no avergonzarla delante de la gente de la ciudad. Leá, suplicó a D'os para no tener que casarse con el malvado Esav. Y muchas historias más. Pero a pesar de que las mujeres forman y han formado parte de los momentos más cruciales de nuestra historia, nunca buscaron reconocimiento, sino que se comportaron de manera recatada, a pesar de sus grandes logros.

El rey David compara a las hijas de Israel con los ladrillos de las esquinas de una pared, y el Malbim explica: cuando una pared es construida, primero se construyen las dos esquinas. Luego, una soga se desliza de una esquina a otra para asegurar que los dos ladrillos centrales están ubicados a la altura correcta. Entonces, los ladrillos de las esquinas constituyen el punto de referencia. Pero a pesar de que las esquinas cumplen un rol tan importante, después de construida la pared, ellas quedan a los costados pasando desapercibidas. Y este es el comportamiento de la verdadera mujer judía, pues mediante esta cualidad de modestia ella obtiene todas las bendiciones de D'os en su hogar.

Una Joya Valiosa

El judaísmo resalta la importancia de la mujer, su delicadeza y nobleza, mediante ciertas obligaciones. Y más allá de las razones elevadas y profundas que éstas puedan tener, podemos ver cómo ellas se ocupan del cuidado y la protección de la mujer en la vida familiar y comunal.

La Tzniut - El Recato

El recato protege la intimidad y privacidad de la mujer, resalta su autoimagen y ayuda a desarrollar su ser interior al darle la importancia adecuada a su verdadero ser: su alma. Así como un diamante debe ser protegido del robo y del daño - y para eso debe estar bien recubierto en un lugar seguro - así también la vestimenta y la conducta refinada, agradable y digna protegen a la mujer y le garantizan la preservación de su pureza.

La Ketuvá - Contrato Matrimonial

En el día de su casamiento la mujer recibe bajo la jupá una "ketuvá" en la cual están escritas y especificadas las obligaciones del hombre para con ella. Aquí vemos cómo los Sabios se han ocupado de proteger a la mujer incluso respecto de sus necesidades materiales, como ser una casa para vivir, ropa, comida, etc.

Taharat Hamishpajá - La Pureza del Hogar

Todas las leyes relacionadas con la pureza familiar nos demuestran, entre otras cosas, la gran sensibilidad que nos transmite la Torá respecto de la mujer y su vida matrimonial.

* * *

La mujer judía sabe que la función más importante de su vida es crear un hogar feliz y agradable. Mediante sus refinadas cualidades y bondad, ella trae luz no sólo a su familia sino al mundo entero. La mujer judía está orgullosa de tener la responsabilidad de ser un "ezer kenegdó" - una ayuda para su marido y su meta es poder llegar a mantenerse fiel a ese honor y responsabilidad. Para lograr esa tan elevada ambición ella se dirige a D'os - su Fuente de ayuda - en todo momento.

En nuestras manos está la elección de trabajar para llegar a ser "una verdadera mujer judía" - Qué D'os nos ilumine con sabiduría y claridad!


miércoles, 5 de agosto de 2009

ESTUDIAR, ¿HASTA CUANDO?

“...y que tu corazón no se aparte todos los días de tu vida...”
(Devarim 4,9)


¿Hasta cuándo tenemos la obligación de estudiar Tora? Hasta el día de la muerte, como está escrito: “y que tu corazón no se aparte...”, porque todo tiempo que no te ocupes de estudiar, el estudio se olvida... (Rambam, leyes del estudio de la Tora).

No te apartes de la Tora, como está escrito: “cuidate solamente... no vaya a suceder que tu corazón se aparte...”, la Tora se refiere a sentarse a estudiar prestando atención (sin volar por los cielos). Y también dijeron los jajamim, el que habla palabras que no tienen que ver con la Tora, está dejando de cumplir dos preceptos, uno, como está escrito y decimos todos los días al menos dos veces: “y hablarás en ellas”, hablarás palabras de Tora y no otras, y el segundo precepto: “no apartes tu corazón...” (Smak, cap. 15).

El Rambam y el Smak nos dan a entender que todo tiempo que la persona tiene libre, y pudiendo estudiar Tora, hace alguna otra cosa o simplemente nada, está dejando de cumplir los preceptos mencionados.

En el libro “Shemirat Halashon”, escribió el Jafetz Jaim: Hakadosh Baruj Hu da cada día y a cada persona un “detalle de tareas” a cumplir, cuánto debe estudiar y adquirir y qué tipo de servicio tiene que hacer en ese día, entonces llega el ietzer hara, y en verdad, como siempre dice el rab hagaon Shlomo Levinstein Shlita, es nuestro gran amigo, una persona muy sensible, que nos dice que no debemos amargarnos ni preocuparnos, ¡no somos máquinas!, podemos quedarnos tranquilos, ya que si no podemos hacer nuestra “tarea” del día, porque tenemos problemas, porque estamos cansados, o nos duele algo, o, ¡porque no tenemos ganas!!!, no importa, se puede hacer “mañana”... Este, es un terrible error...

Porque mañana también tendremos obligaciones, que son independientes de las del día de hoy, y lo que hoy no hicimos no podremos compensarlo nunca!!! Solamente existe la posibilidad de completar lo que no pudimos hacer en el día, por la noche, así encontramos en Jazal que dicen, “pidió prestado en el día y devolvió el préstamo por la noche”.
Esto es lo que la Tora nos quiere destacar: “que no se aparte de tu corazón todos los días...”, y en otro lugar está escrito “verás la vida... todos los días...” O sea, que ningún día de nuestra vida pase “vacío”, nulo.

Continuamos con lo que está escrito en la introducción del libro “Jafetz Jaim” (precepto de hacer, 12). Cada persona debe cuidarse mucho de no echar a perder su tiempo y su estudio para ocuparse del sustento en mayor medida de la verdadera necesidad. Y si recapacitamos sobre este punto, prosigue el Jafetz Jaim, veremos de qué forma el ietzer nos cierra los ojos. Es común en las personas, entre empleados y empleadores, que si el patrón le hace un regalo a sus empleados o les aumenta el salario, cuánto más reciba el empleado más se esmerará por aumentar su productividad. Pero en nuestras cuestiones con Hakadosh Baruj Hu, con quien también somos empleados que recibimos todos los días nuestro salario, el ietzer nos hace comportar de forma inversa. Si Hakadosh Baruj Hu nos “eleva” materialmente, si provoca que tengamos más dinero, el ietzer actúa inmediatamente, en lugar de permitirnos que mejoremos nuestro estudio y nuestro cumplimiento, nos muestra que ahora somos personas más importantes, por lo que es “absolutamente necesario” vivir en una casa digna a nuestra nueva posición, o sea, debemos cambiar de casa, cambiar de coche, cambiar nuestro vestuario, nuestras amistades y, comportarnos como personas adineradas...

Pero, por supuesto, para poder satisfacer todas estas “nuevas” necesidades, hace falta trabajar más, con lo que vemos que, si Hakadosh Baruj Hu nos dio la posibilidad de tener más dinero para que estemos más tranquilos y podamos estudiar mejor, en lugar de eso, hacemos lo contrario, generamos nuevas necesidades que hacen que en lugar de estudiar más, estudiemos menos...
Y mientras Hashem nos sigue ayudando a tener éxito en nuestros nuevos emprendimientos, el ietzer nos sigue empujando, y ya no alcanza con nuestro trabajo, debemos contratar empleados que nos ayuden...

Finalmente, todo lo que el Bore Olam nos “aumentó” para nuestro bien, el ietzer consiguió anular nuestro estudio y nuestro cumplimiento, hasta llegar al punto en que tiempo para estudiar no hay, ni siquiera hay tiempo para poder rezar en el Beit Hakneset...
Y el ietzer, ese “gran amigo” nos muestra que todo esto es por nuestro bien, él nos quiere tanto que nos aconseja que trabajemos más, para que no seamos la burla de nuestras nuevas y adineradas amistades, que no pasemos vergüenza al no tener tanto como ellos...
Y si nuestro trabajo tiene que ver con la congregación, si nosotros proveemos algo que la comunidad necesita, para el ietzer es más fácil engañarnos, ya que nos convence que aparte de trabajar estamos haciendo un bien a la gente, somos “indispensables”, lo que nos hace “libres” de cumplir otros preceptos...

En cambio, en los temas que nos acercan al Mundo Venidero, en los “verdaderos” preceptos, los que nos ordena el Bore Olam, el ietzer nos aconseja ser más conformistas. Estamos tan conformes con lo poco o nada que hacemos, somos como el más pobre entre los pobres que ni siquiera tenemos una manta para esconder nuestra vergüenza (vergüenza por el bajo nivel espiritual). Como dijeron Jazal, todo el que adquiere palabras de Tora, compra una casa en el Olam Haba. Y como el Olam Haba está rodeado por el Gueinom, el que no consigue entrar en el Gan Eden, ya sabemos donde termina, Hashem nos salve...

Ese mismo ietzer, ese gran amigo que siempre nos sonríe en este mundo, y que nos empuja a vestir y vivir como ricos, cuando lo vemos en el mundo venidero, también se ríe, pero ahora se ríe de nosotros, porque en el mundo de la verdad es nuestro “acusador”, es el fiscal que quiere poner el juicio en nuestra contra, y cambiar nuestras vestimentas finas por ropas sucias, manchadas por nuestros pecados, los pecados que él mismo nos ayudó a realizar. Por eso, veamos qué importante es analizar y preocuparnos únicamente por nuestras verdaderas necesidades de sustento, para poder santificar el resto de nuestro tiempo al estudio de la Tora.

* * *

Contó un talmid jajam, que en su juventud le tocó ser uno de los privilegiados de poder entrar y salir libremente de la casa del “Jazon Ish”:
Un año, al terminar el ayuno de Iom Hakipurim, después de haber comido y recuperado las fuerzas, se dirigió a la casa del Jazon Ish, pensando que ese era el momento oportuno para encontrar al Jazon Ish en su casa. Probablemente estaría cansado, con lo que podría aprovechar y “recolectar de su mesa” algunas “miguitas”, algo que normalmente era imposible durante todo el año...

Cuando entró a la casa, le preguntó al Maran cómo se sentía, cómo había pasado el ayuno. El Jazon Ish le dijo: sentate, quiero contarte algo...

Todos conocemos al gaon, el rab Jaim Mivoloshin, que estableció una gran Ieshiva en Voloshin. Cuando falleció, ocupó su lugar como Rosh Ieshiva, su hijo, rabi Ichele. Al ver rabi Ichele que su hija llegaba a la edad de casarse, eligió un novio para ella, el cual no parecía digno para semejante familia, el muchacho no se destacaba por sus aptitudes ni por su estudio. Y en especial, el problema radicaba en que este muchacho sería el “heredero” del cargo del suegro, y la familia protestaba argumentando que la elección del novio no fue adecuada, hacía falta alguien muy especial para que más adelante pueda estar al frente de la Ieshiva...

Rab Ichele escuchaba las protestas y se mantenía en silencio, no contestaba, y esperaba la oportunidad propicia para responder a las quejas. Y el momento llegó en el final del día de Iom Hakipurim, al terminar los rezos de Arvit. Toda la congregación formaba una impresionante fila para bendecir y ser bendecidos con un “Shana Tova”.

Cuando los familiares del Rosh Ieshiva pasaron junto a él, rab Ichele les pidió que lo esperen un momento, necesitaba decirles algo importante...

Todas las personas terminaron de saludar al rab y éste salió del Beit Hakneset con sus familiares. Transitaron por un pasillo hasta llegar a uno de los cuartos laterales. Rab Ichele empujó suavemente la puerta del cuarto, y todos pudieron ver al joven yerno del rab, sentado, estudiando profundamente concentrado sobre su Guemara.

El Rosh Ieshiva se le acercó y le dijo: ¿no te parece que sería más apropiado que comas algo después del ayuno? Y el muchacho contestó: ya comí!!

Rab Ichele se dio vuelta y se dirigió a sus familiares: ¿Ahora entienden por qué lo elegí como yerno? Mientras todo el mundo abandonó el Beit Hakneset, saludó, y se fue a sus casas a comer, él alcanzó a comer “algo” y ya volvió a sentarse a estudiar. (Este “muchacho”, es el gran y conocido Netztiv ztz”l).

Así terminó su relato el Jazon Ish y le preguntó a su visitante: ¿ahora ya sabés lo que hay que hacer cuando termina Iom Hakipurim? No hace falta venir a la casa del rab para preguntarle cómo se siente, también ese es un momento para aprovechar, una hora en la que es posible y necesario dedicarse al estudio de la Tora...

* * *
El rab hagaon Shlomo Levinstein Shlita, contaba que no había día más feliz para el pueblo de Israel que el quince del mes de Av. En ese día, los encargados de cortar leña para utilizar en el Beit Hamikdash finalizaban el cumplimiento de esta misión. Porque las maderas debían estar secas para poder quemarlas, y después del quince de Av, el sol ya no tiene la fuerza suficiente para secar los árboles recién cortados.

¿Y cuál era el motivo de la felicidad? Seguro que el no poder cumplir un precepto no es motivo de felicidad. Esta gente, que ahora tenía tiempo libre, ¿qué hacía? Continúa el rab Shlomo, ¿qué hace un iehudi cuando no tiene que trabajar? Puede comer, puede pasear, ir a alguna fiesta, y si no le queda nada más por hacer... puede estudiar Tora!!!
Esa era la alegría de la gente, ahora podían estudiar Tora!!!

Cuentan sobre un millonario que fue a ver a un Rosh Ieshiva para entregarle una suma muy importante de dinero. Antes de dársela le preguntó: ¿cómo es el día de un estudiante de la Ieshiva?

El rab explicó: “a las diez desayunan, a las siete cenan y a las doce se van a dormir”!!! El hombre no salía de su asombro, perdone, rab, le pregunté qué hacen los muchachos, no a qué hora comen..., y, ¿cuándo estudian?

El rab dio un salto y gritó, ¿cuándo estudian? SIEMPRE ESTUDIAN!!! Estudian en todo momento, por eso lo que yo te tengo que explicar es lo que hacen cuando no estudian, porque toda persona necesita también comer y dormir, lo demás no necesita explicación...

(Jafetz Jaim, Shemirat Halashon, Lekaj Tov y rab Shlomo Levinstein Shlita).
Leiluy Nishmat Rina bat Matilde (Aleha haShalom)


* Un estudiante de la Ieshivá vino una vez al santo Jafetz Jaim y vertió su corazón: "¡Año tras año me siento y estudio, pero no llego a ninguna parte con mis estudios! ¡Después de todo este tiempo incluso, me cuesta comprender apropiadamente una página del Talmud!" El Jafetz Jaim contestó: "Di-s no nos ordenó que fuéramos genios. Él sólo nos ordenó que nos esforzáramos en el estudio de Su sagrada Torá, lleguemos o no alguna vez a ser grandes estudiosos..."

* Rabí Iejiel Mijl de Zlotchov decía: "Si la persona se dedica al comercio sin estudiar Torá, pensará que su éxito se debe a sus propias habilidades. Pero una vez que la persona comienza a estudiar Torá, se da cuenta de que no puede atribuirse el triunfo a sí mismo. La Torá le enseña a Quién le debe en realidad su éxito"

http://www.es.chabad.org/

***
La disciplina, la gloria y la recompensa por el estudio de la Torá.

"La Torá, el cielo y la Tierra , Abraham, Israel y el Templo, son los 5 tesoros sobre la Tierra que Di-s valora."


Muchas son las distinciones de aquel hombre que se ocupa de estudiar Torá por su propio bienestar. Ningún hombre puede ser considerado verdaderamente libre a menos que se ocupe el mismo de estudiar Torá. Aquel que aprende de su semejante, incluso una sola letra, debe tratarlo con respeto. Esto lo aprendemos del Rey David, quien aprendió solo 2 cosas de Agitofel, y aún así lo llamó su guía y su maestro. De aquí inferimos lo siguiente: Si David, Rey de Israel, que aprendió solo 2 cosas de Agitofel, lo llamó su guía y su maestro, cuanto aún más debe uno darle honor a su semejante del cual aprendió un simple capítulo, una simple halaja, como está dicho: "El sabio, merecidamente, hereda honor" (Prov. 3:35).

A aquellos que obedecen esto y lo mantienen, la Torá les da vida en este mundo, y en el mundo venidero y en los días del Mesías. Esta les otorga todas las clases de bendiciones a los que la estudian.

Dijo Rabí Eliézer: El que se ocupa de estudiar Tora por sí mismo, es llamado por Di-s, querido, amigo y amado por Él y también es considerado como alguien que verdaderamente quiere a la humanidad. La Torá viste al hombre con humildad y reverencia, lo prepara para transformarse en piadoso, integro; lo aleja del pecado y lo lleva cerca de la virtud; a través de ella, el hombre puede disfrutar consejos y adquirir conocimiento, entendimiento y fuerza; nos da normas y autoridad y nos introduce en la justicia; para aquella persona que la estudia, los secretos del cielo y la Torá, le son revelados; él se transforma como en una fuente que siempre reúne fuerza, una corriente que nunca cesa, un río que fluye con vigor.

Él es modesto y paciente, dejando de lado la ofensa personal, por la Torá agranda su espíritu y lo eleva por sobre todas las preocupaciones materiales.
Rabí Ioshua dijo lo siguiente: "Las Tablas fueron el trabajo de Di-s, y la escritura fue la escritura de Di-s, grabadas (harut) sobre las Tablas" Leamos en lugar de "harut" (grabadas), "herut" (libertad), porque no hay un hombre verdaderamente libre sino aquel que se ocupa de estudiar Torá.

"La Torá es más grande que el sacerdocio y la realeza, pues la realeza se adquiere mediante treinta requisitos y el sacerdocio mediante veinticuatro, mas la Torá se adquiere mediante cuarenta y ocho cosas, y ellas son: (1) mediante el estudio, (2) escuchando efectivamente, (3) vocalizando lo que se estudia, (4) entendiendo mediante el corazón, (5) sintiendo miedo, (6) sintiendo temor reverencial, (7) siendo humilde, (8) estando alegre, (9) mediante la pureza, (10) mediante el trato con los Sabios, (11) mediante un trabajo con los amigos, (12) estudiando con los alumnos, (13) siendo tranquilo y asentado, (14) estudiando las Escrituras y la Mishná, (15) minimizando el dormir, (16) limitando las actividades comerciales, (17) limitando la conversación, (18) disminuyendo la risa, (19) limitando los placeres, (20) limitando las relaciones íntimas, (21) retardando nuestro enojo, (22) teniendo un buen corazón, (23) creyendo en las palabras de los Sabios, (24) aceptando los sufrimientos, (25) conociendo nuestro lugar, (26) siendo feliz con lo que tenemos, (27) evitando ser arrogante, (28) limitándose en las cosas que le son permitidas, (29) siendo amado, (30) amando a D'os, (31) amando a las criaturas, (32) amando la reprimenda, (33) amando la rectitud, (34) alejándose del honor, (35) no siendo arrogante en el estudio, (36) no disfrutando al tomar decisiones legales, (37) siendo solidario con los demás, (38) juzgando al prójimo para bien, (39) encaminando al prójimo hacia la verdad, (40) encaminando al prójimo hacia la paz, (41) asentando el estudio, (42) preguntando puntualmente y respondiendo específicamente, (43) aprendiendo del maestro y acrecentando el estudio personal, (44) estudiando para enseñar, (45) estudiando para hacer, (46) haciendo a su maestro más sabio, (47) ordenando los conceptos que ha estudiado, (48) citando las enseñanzas recordando quién la ha enseñado. He aquí que has aprendido que quien cita las enseñanzas que escuchó recordando el nombre de quien la ha dicho trae la redención al mundo, como está escrito: 'Y dijo Ester al rey en nombre de Mordejai' (Ester 2:2)".

"La Torá es más grande que el sacerdocio y la realeza, pues la realeza se adquiere mediante treinta requisitos y el sacerdocio mediante veinticuatro, mas la Torá se adquiere mediante cuarenta y ocho cosas". Debemos entender por qué al referirse a la Torá la Baraitá dijo que ella se adquiere mediante 48 cosas, pero respecto del sacerdocio y la realeza dijo que se adquieren mediante 30 ó 24 requisitos.

La respuesta es que la Baraitá nos quiso enseñar dos aspectos de la grandeza de la Torá - que encuentra por sobre el sacerdocio y la realeza: por un lado, respecto de la cantidad de requerimientos que se necesitan para adquirir cada una de ellas, y por otro lado, respecto de la calidad de los requerimientos que se necesitan para adquirir cada una de ellas.

La explicación de esto es que el sacerdocio y la realeza se adquieren mediante requisitos (maalot), mas la Torá se adquiere mediante cosas (devarim) y la diferencia esencial entre estos dos conceptos es que los requisitos son requerimientos o derechos que tienen relación con la importancia y el poder solamente y son cosas externas a la persona, pues ellas no se obtienen mediante el esfuerzo. Por ejemplo, sólo quien posea oro y plata, esclavos y siervas, campos y viñedos, será digno de considerarse parte de la realeza.

Pero esto no es así con la Torá, pues las cuarenta y ocho cosas mediante las cuales ella se adquiere no son externas a la persona sino que le pertenecen totalmente a él, pues él se esforzó mucho en hacerlas para incorporarlas a su alma, y por eso es que esas cosas no son llamadas maalot, pues los caminos para adquirir la Torá no tienen relación con la importancia y el poder, sino todo lo contrario, solamente con la humildad y el recato. (Basado en el libro "Midrash Shemuel" de Rabí Shemuel de Uceda, 1538 - 1602)

"Grandiosa es la Torá, porque les da vida a aquellos que la cumplen, tanto en este mundo como en el Venidero, como está escrito: 'Pues vida son (las palabras de la Torá) para quienes las encuentran, y curación para toda su carne' (Mishlé -Proverbios- 4:22); y dice: '(La Torá) será medicina para tu cuerpo y curación para tus huesos' (Mishlé 3:8); y dice: 'Ella es un árbol de vida para los que se aferran a ella quienes la sustentan son felices' (Mishlé 3:18); y dice: 'Pues (las palabras de la Torá) son una bella guirnalda para tu cabeza y collares para tu cuello' (Mishlé 1:9); y dice: '(La Torá) será en tu cabeza una bella guirnalda; una corona de gloria te protegerá' (Mishlé 4:9); y dice: 'Prolongación de días a su derecha, y a su izquierda riqueza y honor' (Mishlé 3:16); y dice: '(Las palabras de la Torá) te otorgarán largos días y años de vida y paz' (Mishlé 3:2)".

La Torá es una gran cosa. Cuando uno estudia Torá, recibe recompensa en el Mundo Venidero, lo cual representa su capital. El interés que recibe de ese capital lo mantiene con vida en este mundo, como está escrito: "[Las palabras de la Torá] son vida para el que las encuentra y curación para todo su cuerpo" (Proverbios 4:22).

La Torá también te dará vida en el Mundo Venidero, como está escrito, "Es un árbol de vida para aquellos que se aferran a ella y todo aquel que la sostiene es afortunado" (Proverbios 3:18). La Torá será como un árbol de vida en el Mundo Venidero para aquellos que hacen el esfuerzo de estudiarla y entenderla, así como para aquellos que hacen el esfuerzo de ayudar materialmente a los que la estudian, sosteniéndolos.

Tal vez la persona se cuestione diciendo: "Si estudio Torá tendré vida en ambos mundos pero no obtendré riquezas y honor". A esto el sabio nos responde que la Torá será para ti una grata compañía y una corona de gloria te protegerá. Además de darte vida y riquezas, la Torá te dará una corona de honor. Serás honrado y respetado entre las personas. Sin embargo, debes saber que todos estos beneficios sólo vendrán si estudias Torá sin intereses de por medio.

El sabio concluye diciendo que cuando una persona estudia Torá para cumplir con la Voluntad del Creador no sólo obtendrá vida, riqueza y respeto, sino también paz y tranquilidad, como está escrito: "pues largos días, y años de vida y paz te incrementarán [las palabras de la Torá]" (Proverbios 3:2).(Basado en el comentario "Meam Loez" de Rabí Itzjak Magriso, s. XVIII)

(Basado en: Pirkei Abot, Tanna Debe Eliyyahu)

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viernes, 12 de junio de 2009

Hablando con Di-s

Cuando pensamos en la palabra "oración", pensamos en nuestras necesidades y peticiones, en una lista sin fin: "Cúrame", "Ilumíname", "Dame riquezas", "Dame Tu redención", "Glorifícame", "Dame Tu perdón".

Quizás tenemos un concepto errado de la oración. Cuando niños pedimos a D'os que satisfaga nuestros deseos así como instamos a nuestros padres a llevarnos a ciertos lugares y comprarnos juguetes: "¡Por favor, papá, llévame a...!, ¡Por favor, mamá, cómprame ese...!, ¡Por favor, D's, dame este...! " Veamos qué es y ha sido siempre la oración. Nos daremos cuenta entonces que el mandamiento de orar no ha perdido vigencia todavía sino que, por el contrario, sentimos en nuestros días, tal vez, mayor necesidad de sus beneficios que nunca.

¿QUE ES LA ORACIÓN?

La oración no es una lista de peticiones. Es un proceso i ntrospectivo, una clarificación, un proceso en el que uno va descubriendo cada vez más lo que es, lo que debiera ser, y el modo de lograr esa transformación. La Tora expresa esta mandamiento como un "servicio del corazón" (avodat halev) y no de la boca (Taanit2a).

Al ir perfeccionándonos mediante la oración, logramos absorber la bendición del Creador, pero el conquistar estas bendiciones dependerá de cada persona. Unos pueden tener como destino el actuar como "tesoreros" de D's, o sea, acumular riquezas y distribuirlas para causas nobles; otros, el de dar el ejemplo de no corromperse con riquezas. Otros pueden tener como misión ser un modelo de modestia. Meyer Amshel Rothschild llegó a ser rico porque su destino fue constituirse en banquero de los monarcas y patrón de los pobres, y el Rabino Zusha de Anipoli permaneció entre los menesterosos porque su misión era subsistir con un mendrugo de pan y un plato de porotos, y él siempre dijo: "soy feliz" ¡porque no había pasado nunca un mal día en su vida! Todos ellos recitaron la oración para prosperidad financiera en el "Shemoneh Esré" (oración silenciosa, el más importante de nuestros rezos) y obtuvieron la mejor respuesta que les correspondía.

La sociedad moderna nos ha enseñado que la gente se "agota" si no se detiene nunca para relajarse, compenetrarse y volver a adquirir fuerza interior. ¿Qué nos hace pensar que podremos librar la guerra moral que D's nos exige si no salimos de las trincheras para volver a adquirir una perspectiva sobre el propósito y estrategia de la batalla? La oración nos da la oportunidad de replegarnos sobre nosotros mismos y obtener así una mayor perspectiva sobre el propósito de nuestras vidas.

FUNCIÓN DE LA ORACIÓN

La palabra hebrea para oración es “tefilá”, un término que nos permite discernir mejor el concepto de plegaria según la Tora. La raíz de tefilá es "pilel" (juzgar, diferenciar, clarificar, decidir). En la vida estamos constantemente separando la evidencia del rumor, la opción válida de especulaciones sin fundamento, el hecho de la fantasía. Este ejercicio, este juicio, se llama pelilá. La palabra pelilim se usa respecto de los jueces que integran una corte rabínica. (Éxodo 21:22), ¿y cuál es la función de una corte sino analizar la evidencia y tomar una decisión? Deducimos como extensión lógica de pilel, la raíz pele que significa una clara separación entre dos cosas. Por lo tanto, la oración es el anhelo del alma por definir qué importa realmente e ignorar trivialidades que frecuentemente pasan por esenciales (Sidur Avodat HaLev).

La gente siempre pone en duda la necesidad de orar, ¿no conoce D's acaso nuestras necesidades sin tener que recordárselas?

Claro que sí, y mejor que nosotros mismos. Si la oración sólo tuviese como propósito informar a D's sobre nuestros deseos y carencias, no sería necesaria. Su finalidad es elevar el nivel de aquellos que imploran, ayudándolos a desarrollar verdaderas percepciones de la vida, para poder así merecer Su bendición.

Esta es la función de la tefilá (oración); es un proceso en que se aprende a evaluar y a tomar decisiones. El verbo hebreo para orar es hitpalel, una palabra refleja, que indica que el sujeto actúa sobre sí mismo. La oración es un proceso de autoevaluación, auto discernimiento; un proceso que nos permite retraernos del tumulto de la vida hacia un pequeño rincón de verdad, y reforzar los lazos que nos unen al propósito de la vida.

PETICIÓN DE D'S

El Talmud nos cuenta que cuando el Rabino Yishmael Kohén Gadol, (Gran Sacerdote) estaba en el Sanctosanctórum un Yom Klpur, D's le pidió una bendición. El Rabino le contestó:

"Sea Voluntad delante de Ti, Señor, para que Tu Misericordia conquiste Tu Ira y Tus Piedades prevalezcan sobre Tu justicia estricta. Condúcete con Tus hijos con Misericordia y júzgalos con indulgencia". (Berajot 7a)

Este trozo es asombroso, tanto por lo que dice como por lo que no dice ¿Por qué necesitaba D's la bendición del Rabino Yishmael?

¿Por qué el Rabino Yishmael no obedeció y bendijo a D's? ¿Cómo la petición de que D's trate a Israel con bondad puede conformar una bendición al Creador? ¿Qué damos a D's cuando lo bendecimos?

Rashbá (Rabbí Shelomo Ben Addéret) (Teshuvot 5:51) deriva de palabra "beraja" (bendición) de "bereja" (manantial). Un manantial corre constantemente y sus aguas crecen. Cuando bendecimos a D's, estamos expresando nuestra esperanza de continuar haciendo crecer algo, ¿pero qué cosa? D's mismo es infinito, sin comienzo ni fin; no podemos y no nos atreveríamos ni siquiera a sugerir que El pueda seguir creciendo.

Aunque es cierto que el hombre no puede captar ni en lo más mínimo la esencia de D's, podemos sin embargo percibirlo cuando se acerca a nosotros. Nuestra próspera sociedad lo "ve" como el D's Beneficiente; el individuo acongojado sufre con Su juicio; el erudito de la Tora se estremece con Su sabiduría. O el hombre puede ser tan tonto como para pensar que el poder viene del cañón de un fusil y la prosperidad de los filos de una segadora.

Cuando rogamos por un "crecimiento" en D's, estamos implorando que se acerque más a nosotros, que se nos revele. Estamos pidiéndole una mayor Presencia en nuestro mundo, de tal manera que toda la humanidad pueda reconocerlo. Es imposible bendecir a D's en el sentido de proporcionarle mayor esencia puesto que El es Infinito. Pero, por otra parte, es factible que D's tenga una mayor presencia en nuestro mundo y por lo tanto, que el hombre logre conocerlo mejor. Y esta es la finalidad de nuestras plegarias. El grado de revelación de D's en el universo depende de la capacidad espiritual de Israel de recibiría. Cuando Israel estuvo en su apogeo, D's se reveló en el Monte Sinaí, con un esplendor sin precedente; cuando Israel cayó en el exilio y en la confusión espiritual, permaneció tan oculto que Israel se preguntó si aún éramos la nación de D's. Oramos para que nuestro nivel espiritual se eleve hasta alcanzar un grado en que merezcamos tener ante nosotros a D's con todo Su poder y grandeza.

En este sentido, el Rabino Yishmael Kohén Gadol dio a D's su bendición máxima. Tener éxito en nuestra oración es permitir a D's aproximarse más a Israel. El Rabino Yishmael deseó que las plegarias tuviesen ese resultado - aumentar la presencia de D's entre nosotros. Era entonces la bendición perfecta. (Néfesh Hajaim).

ORACIÓN HABLADA

Tefilá es una función únicamente humana, porque combina la inteligencia e imaginación del hombre con su habilidad para transformar conceptos en palabras. La capacidad para poder emitir un habla inteligente distingue al hombre de los animales. La Tora nos dice que D's introdujo un hálito de vida en Adán y el hombre se convirtió en un ser viviente (Génesis 2:7). Onkelós -autor de la versión aramea del Pentateuco- dice: el hombre se convirtió en un espíritu hablante. Onkelós parece igualar el habla con la vida.

Puesto que, como hemos visto anteriormente, la oración es el anhelo más profundo del alma, debe expresarse de la forma más representativa para la mente humana por medio del habla inteligente. El hecho de que tefilá requiera una clara enunciación de la palabras se deriva de la oración de Janná -profetisa judía que vivió hace 2879 años- (I Samuel 1:15). Los Sabios consideran su devoción y la expresión de su aflicción como el compendio mismo de la grandeza de la oración. Vaciaba su corazón en silencio, los demás no escuchaban su voz pero sus labios se movían. Aprendimos de sus oraciones que el Shemoné Esré debe decirse en silencio. Sin embargo, incluso la oración silenciosa debe ser hablada, porque esto simboliza el mayor grado de elevación del alma humana (Netivot Olam).

Partiendo del origen de Shemoné Esré podemos llegar a una gran conclusión sobre su significado. No es una oración particularmente larga - sólo dieciocho bendiciones en su formulación inicial más una que se agregó posteriormente - y sólo unos cientos de palabras juntas. Tampoco es un tema misterioso; fue hecha en un hebreo simple y rústico de manera que pudiese dominarse fácilmente su contenido. Y sin embargo, el Shemoné Esré fue compuesto por uno de los cuerpos rabínicos más ilustres de la historia, el Anshé Kenesset Haguedolá (los hombres de la Gran Asamblea), S.IV A.E.C. que guió espiritualmente a Israel al inicio de la era del Segundo Templo. Esta Asamblea estaba integrada por ciento veinte sabios, incluyendo a muchos profetas. Israel poseía sin duda una gran cantidad de buenos poetas y escritores. ¿No podía acaso habérsele pedido a alguno que compusiese las oraciones necesarias? ¿Tenía acaso que asumir esta tarea el máximo cuerpo religioso y legislativo de la nación?

Por supuesto que sí. Cada sílaba y cada palabra tienen miles de efectos inimaginables. Incluso las interpretaciones místicas de Rabbí Isaac Lurya Z"L (ARIZ"L) -el Gran Cabalista, S. XVI, Safed- quien dio a conocer muchas de las intenciones Cabalísticas que aparecen dentro del texto de la tefilá, apenas si logró captar una ínfima parte de los tantos significados en que pensaron los Hombres de la Gran Asamblea. Cada palabra del Shemoné Esré, es esencial, tanto por separado como por dentro del contexto de la plegaria en sí. Su contenido era tan profundo y sus efectos tan metafísicos y extraordinarios, que no podía atribuirse a poetas sino sólo a profetas. Tratemos de comprender por qué.

LA LENGUA SAGRADA

El hecho de que la oración sea "el habla del alma", que represente al hombre en la cumbre de sus aspiraciones para elevarse a niveles mayores, nos ayuda a comprender por qué el hebreo es la lengua de las plegarias. Es cierto que los Sabios permiten que se rece en cualquier idioma (Sota 33a), pero no es algo generalizado, ni iguala el hebreo, nuestra lengua sagrada, con otros idiomas. Las autoridades Halájicas desaprueban la oración en otros idiomas (ver "Mishná Berurá" y "Aroj Hashulján" a Oraj Jaim -Cap. 62 a 101). El Rambán -Rabbí Moshé Bar Najmán S. XII. España- (Éxodo 30.13) muestra que el hebreo es la lengua que D's usó al crear el universo y la lengua de la profecía. Es por ello, explica, que se la llama nuestra Lengua Sagrada. Esto nos hace ver por qué los rezos adquieren mayor santidad cuando se dicen en hebreo. Los comentaristas sostienen que ninguna traducción puede captar todos los matices de la oración, ni las palabras proféticas de D's, ni las composiciones sagradas de los Hombres de la Gran Asamblea y sus grandes sucesores a través de los tiempos.

Pero esto va aún más allá. Si uno reza en otro idioma no está cumpliendo con su obligación a menos que comprenda lo que está diciendo; sin embargo, si ora en hebreo, está cumpliendo con su obligación aunque no entienda las palabras (Ver Beur Halajá Oraj Jaim 62). ¿Por qué? Lashón Hakodesh (la lengua sagrada) tiene virtudes que trascienden el hecho de ser simplemente el lenguaje original de las oraciones.

Al referirse a la santidad original del Aleph-Bef (alfabeto hebreo) HaJyDa -siglas de Rabbí Jayyim Yoseph David Azulay. S. XVI- responde a una pregunta que nos deja bastante perplejos. ¿Por qué debemos pronunciar las oraciones? ¿No sabe D's acaso qué hay en nuestros corazones? ¿No sería mayor santificación de Su Nombre si El cumpliera los deseos tácitos (no hablados) de los hombres? HaJyDa explicó que las combinaciones de las letras -así como las formularon aquellos maestros que compusieron las oraciones- tienen el poder de hacer surgir fuerzas que sobrepasan nuestra imaginación. Así, pueden crearse nuevos alcances espirituales por medio de la expresión verbal de los seres humanos. Para lograrlo debemos articular las oraciones. ("Shem Hagedolim", artículo sobre el Rabino Yitzjak de Ako).

Se aplica la misma explicación al lenguaje de la oración. Los Hombres de la Gran Asamblea tenían la habilidad y capacidad de combinar letras, versos e ideas de tal forma que abrían las puertas del cielo. Su composición de la Tefilá es equivalente a un acto de creación; es por eso que es tan importante no desviarse de su lengua y de su formulación. Esto no tiene como intención menoscabar la importancia de la comprensión y emoción que se experimenta en esos momentos. Los mismos Sabios aprueban la oración en la lengua que uno comprende, y es sin duda mucho más valiosa una oración bien entendida que una plegaria en que se articulan sonidos sin entenderlos. Pero esto no disminuye en absoluto la importancia de rezar en nuestra lengua sagrada; sólo recalca la responsabilidad que tenemos de comprender las oraciones en su forma original más sagrada.

ORACIÓN PLURAL

Cuando el Rav Yishmael Kohén Gadol bendijo a D's, le pidió que todo el pueblo de Israel gozara de Su misericordia.

La naturaleza plural de su oración se refleja en todas nuestras súplicas, principalmente en Shemoné Esré, en el que imploramos por todos y no sólo por el individuo que reza y sus seres queridos.

Cuando oramos en plural estamos en nuestro punto más sublime de oración porque sólo rezando por el bien de Israel y del mundo entero podemos lograr plenamente que D's otorgue Su beneficencia a toda Su creación. Incluso, cuando imploramos por necesidades personales las incluimos dentro de una petición general.

Pueden romperse nuestros corazones por enfermedad o pobreza, pero queremos que todo Israel prospere y tenga buena salud. Y si debemos orar por nosotros, hagámoslo con la esperanza de que nuestro beneficio servirá para engrandecer la Gloria del creador, no la nuestra. Esto no significa que debamos menospreciar la oración del individuo solitario que reza por su esposa, su hijo, sus cuentas o por sí mismo. Alguien que está en los primeros peldaños de una escalera imaginaria para llegar al cielo no debe sentirse avergonzado porque la meta parezca muy lejana. Dejemos que se sienta más bien orgulloso y agradecido por haber cortado los lazos del poder terrenal y por haber elevado sus miras.

¿Tiene el hombre moderno menos necesidad de orar porque ha logrado controlar su medio ambiente? No, por el contrario. Debido a que se ha tornado tan poderoso, el hombre pierde de vista el hecho de que la obtención de tanto poder obedece exclusivamente al deseo de D's. La oración es un don de D's para ayudarnos a captar fragmentos de verdad que nos permitan comprendernos y entender nuestro rol en el mundo, y así posibilitar el cumplimiento de Su deseo de beneficiar al hombre. Bendigamos a D's como lo hizo el Rav Yishmael Kohén Gadol, creando las condiciones que Le permitan colmar a Sus criaturas de bendiciones.

El primer paso para conocer a fondo la Tefilá es estudiarla y aprender el significado de sus palabras. Una persona no debe sentirse avergonzada porque no sabe reza como judío, pues siempre tiene la oportunidad de aprender a hacerlo.

Extraído de la revista El Kolel con permiso de su editor

domingo, 7 de junio de 2009

CICLO JUDIO DE VIDA (VIII)

EDUCACION JUDIA (III)

Resoluciones de un padre


-Tendré en cuenta siempre que soy tu padre y te amo.
-Recordaré que eres un niño.
-Encontraré la forma para que sientas que eres amado. Diré: "te amo" más a menudo y lo expresaré también de otras maneras, posiblemente con el acercamiento físico, el tono de voz, la sonrisa, la mirada, y al brindarte mi tiempo.
-No te menospreciaré, no me reiré de ti, ni te despreciaré de modo alguno.
-Diré: "discúlpame", cuando me equivoco.
-Te criticaré menos, y enfocaré más las cosas positivas que tienes.
-Miraré los sucesos en su perspectiva amplia, dirigiendo mi mirada hacia la recompensa: la satisfacción de tener un vínculo cariñoso, motivado y alegre contigo.
-Recordaré que eres frágil, que mis palabras y mi tono de voz pueden herirte y atravesarte, que eres suave aun cuando actúas de modo áspero. No me confundiré cuando procedes de modo enigmático. Sé que no eres así, y lo recordaré.
-Te hablaré de manera directa y clara cuando discrepo contigo, pero no de modo abrasivo, sarcástico, y sin rabia.
-Pase lo que pase, no te golpearé. Recordaré las palabras del rabino que dice que en esta época está prohibido azotar a nuestros niños y las palabras de mi maestro que me enseñó que en esta generación debemos seguir la senda cálida sin golpear.


* * * * * *


-Te sonreiré más.
-Estaré más armonizado y abierto a sentir satisfacción por ti, disfrutando tu misma existencia. Manifestaré esta alegría más frecuentemente.
-Te respetaré. Respetaré tus sentimientos, tus espacios, y tu intimidad. Respetaré tu dignidad. Respetaré tus opiniones y decisiones aun si (en tu niñez), no te las autorice.
-Tendré más paciencia. Tendré más paciencia. Tendré más paciencia. Tendré en cuenta más a menudo el atributo Di-vino de erej apaim (lento en enojarse)
-Te pondré límites, para tu seguridad, para tu crecimiento, para tu rujaniut (espiritualidad) y no evadiré mi responsabilidad. Y recordaré que acepto que te enojes conmigo. Lo hago por el cariño que siento hacia ti.
-Recordaré que eres una obra en proceso y no un producto terminado y aun cuando tus expresiones pueden sonar audaces, decididas y acabadas, no lo son. Te esperaré pacientemente al fin del camino, aunque me siento algo ansioso y asustado.
-Estaré menos preocupado con el Kibud Av (respeto por los padres), y más inquieto por el Kavod haBeriot (respeto por las criaturas) - tú eres mi más preciada criatura - y recordaré la Mishná que nos enseña que el Kavod corresponde a aquellos que lo brindan a los demás.
-Seleccionaré por qué contender contigo e intentaré recordar que las batallas mismas no son personales, sino parte del milagro de tu crecimiento. Y sabré morderme la lengua más frecuentemente.
-Seré más cariñoso y siempre respetuoso con mamá. Recordaré la mirada de tu cara cuando he le he dicho algo ofensivo. Trataré de poner más empeño en traer alegría a nuestra familia, de atraer a nuestro hogar un espíritu de gozo.


* * * * * *

-Recordaré que más allá de tu edad, me respetas (tal como yo respeto a mi padre), y lo que es más importante no es tanto la información que te transmito, sino quién soy para ti.
-No tomaré venganza cuando estoy lastimado. Aun si me has herido intencionalmente y esté muy enojado, no responderé del mismo modo. Recordaré que soy el padre y tú eres el hijo. Intentaré encontrar la calma y el sosiego. Tampoco te ignoraré. Te exigiré la disculpa, pero no tomaré venganza.
-Sonreiré más. Buscaré las oportunidades de reír más contigo. En ciertos momentos trataré incluso de reír sobre mí mismo.
-Recordaré el brillo en los ojos de mi padre cuando me veía o me presentaba ante otras personas, el brillo que era más elocuente que sus palabras de orgullo. Y también mis ojos brillarán por ti.
-Jugaré más contigo. Te daré el tiempo que mereces cada día, aun si fuese sólo por unos minutos.
-Estudiaré más contigo. Convertiré ese espacio en un momento cálido y alegre y no un momento de tensión y enojo.
-Estaré decididamente orgulloso de ti. Enfocaré tu belleza interior. No tus notas o tu apariencia, sino tu neshamá (alma), tu bondad, tu generosidad, tus fortalezas, dones y talentos únicos. Recordaré que cada niño es diferente y puede tener su propio derej (camino). Te amaré pues eres, no porque haces. Y no por lo que me das.
-Intentaré traer más alegría a Shabbat, Iom Tov y a la práctica íntegra y gustosa del judaísmo. Recordaré que mi alegría en la Torá y en las Mitzvot, es la que las convierten en atractivas para ti, será mi entusiasmo el que generará entusiasmo en ti, y mi amor a HaShem el que ahondará tu amor a D"s.
-Contraeré más interés en tu vida. Si lo compartes conmigo, participaré con alegría en la tuya y dolor en tu tristeza. No tomaré tus reacciones con ligereza. Te aceptaré con seriedad. Estaré disponible para ti y seré respetuoso si decides no compartirlo.


* * * * * *


-No te miraré con aversión. No te señalaré con calificativos. Tú eres mi hijo.
-Intentaré no avasallar tus ánimos. Procuraré estrechar, celebrar y guiar tus principios.
-No ignoraré tus amarguras. Pondré de lado mi trabajo, mi cansancio y mis obras de Jesed (bondad) y aun mi estudio, para estar allí contigo, en donde me necesites. Tú eres mi Mitzvá más importante.
-Miraré profundamente en mi interior y recordaré cuán cruel puede llegar a ser transitar la niñez y la adolescencia, te apreciaré y apoyaré. No te abandonaré cuando más me necesitas, aun cuando pareciera ser que me rechazas.
-Tendré más tiempo de diversión contigo y recordaré que nuestra alegría y amor mutuos atraen la Shejiná (Presencia Di-vina) hacia nosotros.
-Tendré en cuenta siempre que soy tu padre y te amo.


Jerry Lob



CICLO JUDIO DE VIDA (VII)

EDUCACION JUDÍA (II)


Quién debe enseñar

En una de aquellas visitas al campo cumpliendo tareas de Cashrut, entramos a inspeccionar un tambo. Allí no más, había un ternero atado con una cadena. Al vernos, comenzó a saltar. Pregunté a mi hija qué edad suponía que tenía el ternero. Lo miró, y viéndolo un poco más alto que ella, respondió: "ocho años". Cuando se acercó el tambero le volvimos a formular la pregunta. El ternero, para sorpresa de mi hija, tenía tan sólo seis semanas...

Efectivamente, es sorprendente. Un bebé de seis semanas, si bien ya aprendió muchas lecciones vitales que pocos sabemos apreciar, aún vive en una dependencia total de sus padres. No puede caminar ni incorporarse. No puede hablar ni ir al baño. ¿Por qué esta diferencia? ¿Por qué todos los animales, grandes y pequeños, tienen autonomía apenas nacen mientras que los seres humanos dependemos de nuestros progenitores durante largos años?

Estudiemos el libro Bereshit, el libro en el cual la Torá nos cuenta acerca del origen de cada animal y del hombre. Allí también encontramos una gran desigualdad: en el mundo animal, todos los animales fueron creados desde un principio de acuerdo a sus especies macho y hembra de cada uno (la gallina vino primero y puso el huevo; no al revés). No así el ser humano. Con él, D"s empleó una "técnica" novedosa: ¡creó un "ser" inicial al cual dividió posteriormente en hombre y mujer! Los que estudiamos la Torá, y ya conocemos este hecho, nos acostumbramos a aceptar que inicialmente el hombre y la mujer formaban una sola pieza (según algunos, la mujer fue creada a partir de una costilla). Sin embargo, este hecho también nos debiera asombrar. ¿Por qué D"s habría de inventar algo tan extraño? ¿No podía, acaso, crearlos por separado desde un principio al igual que al resto los animales?

Después de crear a los seres humanos de este modo insólito, la Torá concluye: "por lo tanto, abandonará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán una sola carne" (Bereshit 2:24). ¿A qué se refiere este versículo cuando dice: "por lo tanto"? Si "una carne" (en la que se fusionan hombre y mujer) se refiriera al apareamiento físico, ¿acaso los animales no maduran y se unen con sus pares del género opuesto para gestar a su cría? ¿en qué se diferencia entonces el ser humano, por el hecho de ser creados juntos y luego separados en dos?

Sin duda entonces, que el versículo de "una carne" no se refiere al aspecto físico de la unión entre el hombre y la mujer, sino al vínculo espiritual que los enlaza de manera perdurable, cosa que no ocurre en el reino animal. Únicamente en el género humano existe la necesidad y el deber de formar una familia y un hogar. Los animales se juntan por instinto y dan lugar a la preñez de su cría. Todo lo que el joven retoño necesitará saber en su vida, se lo hace saber el Creador mediante sus instintos. Los progenitores no deben transmitirles enseñanzas morales, y el joven elefante no será distinto a su elefante abuelo o a su elefante nieto. El cúmulo de experiencia de sus progenitores no lo necesita ni le servirá en su vida.

El ser humano, por lo contrario, necesita de hogar y familia ("una carne"). Los padres deben crear alrededor del joven un ambiente sano y tranquilo en el cual le mostrarán con el ejemplo cómo se aman y protegen mutuamente, cómo velan por su bienestar y el de sus hermanos, cómo respetan a sus respectivos padres (los abuelos del joven), cómo asisten a terceros menesterosos, cómo intentan vivir su vida dándole sentido. Todo esto es sumamente difícil de transmitir, si no se educa con el ejemplo viviente.

A tal fin, la creación de hombre y mujer fue en conjunto y la Torá ordenó que los seres humanos formen hogares que permanezcan unidos (esto alude a todos los seres humanos y especialmente a los judíos, que más tenemos para transmitir a nuestros hijos). A su vez, el Creador hizo distinta la naturaleza de los niños y éstos continúan prácticamente imposibilitados y dependientes de sus progenitores durante muchos años, hasta su maduración de modo tal que forzosamente deban habitar cerca de sus padres para aprender de ellos.

Si entendimos todo esto, entonces deberíamos reflexionar profundamente acerca de uno de los males endémicos de nuestro tiempo: la destrucción del hogar. Cuando utilizo la palabra "destrucción" en este contexto, no apunto exclusivamente a aquellas familias que se desmoronaron por completo, llegando a una separación total de los padres (ni qué hablar de aquellos que se mantienen vinculados mediante las peleas y utilizan a sus hijos como variable de sus contiendas). Es importante considerar a su vez como parte de este flagelo a todas esas familias donde "cada uno hace su vida" en forma separada y aquellas casas en donde entre tantos gritos y ofensas verbales, se pierden los mensajes positivos y trascendentales que los padres quisieran y podrían conferir a sus hijos.

Cuando contemplo la cantidad creciente de jóvenes que no tuvieron el privilegio de conocer un hogar tranquilo y estable, en donde se traten unos a otros con respeto y cariño, me cuestiono: ¿quién los educará en un tema tan valioso del cual dependerá gran parte de su felicidad en el futuro? Si, para peor, tantos jóvenes son víctimas del consumo de horas y horas de películas de violencia y de intriga en la pantalla, mal se puede considerar que estén, de algún modo, preparados para llevar adelante una familia estable, armoniosa y equilibrada. ¿La escuela? ¿La sinagoga? Estas suelen cubrir parte de la educación de los niños, en particular en lo que se refiere a su desenvolvimiento intelectual y cultural, pero desafortunadamente no suelen escapar a la generalidad de la sociedad, repitiendo los mismos males que existen afuera. Lamentablemente, todo escenario contraproducente, cuanto más se repite, tanto más "normal" se torna a ojos de la gente.

(La comunidad, no obstante, permite y motiva al individuo a desarrollar gestos de generosidad hacia terceros y esto redunda en transformarlo en una persona más abierta a compartir y convivir, que es uno de los factores decisivos en la pareja).

Sumado a los factores devastadores de la violencia ostensible en muchos niveles y el materialismo e individualismo palpable en todo área, existe un elemento más que dificulta la realización de las parejas y atenta en contra de la estabilidad del matrimonio, aun estando este ya plasmado. Me refiero al desgaste de los afectos que quedan truncados en la adolescencia y en los primeros años de la madurez. Muchas personas han atravesado y siguen pasando por una etapa en la que se enamoran una y otra vez con distintas personas del género opuesto, suponiendo en cada nueva oportunidad que han encontrado "la" persona deseada. En la gran mayoría de los casos, estos "amores" idílicos duran días, semanas o meses... y terminan allí. ¿Qué tiene de malo eso? Entre otras cosas, lo nocivo en lo inmediato sucede cuando una de las dos partes decide que ya no está más enamorada de la otra, y el otro/a debe conceder, (sin tener otra opción "para salvar la cara") que está bien y que "la cosa queda allí". En el plazo posterior, dado que nadie quiere volver a sufrir lo que ya sufrió una vez, el conjunto de todas estas desilusiones por cada vínculo que se rompe, las huellas de cada herida que terminó de cicatrizar, van desgastando la creencia en la estabilidad y firmeza de los potenciales vínculos que se puedan crear. Cuanto más fracasos sufre la persona, menos cree en tener éxito en el futuro. Si, como consecuencia, no se crea confianza total entre la pareja, no podemos entonces hablar de un matrimonio auténtico. Esto es similar a los niños que cambian frecuentemente su escuela, y a quienes, con cada mudanza, se les torna más difícil crear lazos de amistad fuertes con los nuevos compañeros.

Una de las secuelas más recientes de este fenómeno, es la postergación indeterminada del enlace matrimonial de novios que ya se conocen durante años por temores a la falta de compatibilidad (y confianza mutua). Las más de las veces, esta dilación tampoco resuelve aquello que quisiera asegurar, pues la mera demora, no genera más confianza mutua.

Si bien esta no es la única razón por la cual los Sabios determinaron que las actividades mixtas de recreación son perjudiciales para la salud moral de los jóvenes (y de los adultos), bien haríamos en tener en cuenta cuánto daño les estamos causando en el futuro, al enviarlos a campamentos (y escuelas) mixtos de varones y niñas, empujándolos a situaciones que ni ellos, ni nosotros, sabríamos llevar. (Para más detalles de esta ley, puede estudiar el dictamen de Igrot Moshé, Ioré De-á 1:137, 2:104, 3:73 y 75, Even Ha-ezer 3:40)

Esta postura contradice la moda actual y en muchos círculos se la consideraría como una expresión más de "fundamentalismo intolerante". Sin embargo, hay que ser ciego para no ver que la modernidad no sumó, sino que más bien restó, fuerza al matrimonio y a la familia.

La presión del entorno, cuando va en contra de las convicciones de uno, representa uno de los desafíos más importantes que debe enfrentar el ser humano. Si bien por ley somos soberanos en nuestras decisiones morales, muy pocas personas son capaces de hacer uso de aquella libertad. La gran mayoría, desafortunadamente, es esclava del "qué dirán".

En el hogar de mi niñez había colgado un cuadro que leía: "Ve-anojí u-veití na-avod et HaShem" (yo y mi familia serviremos al Creador) (Iehoshúa 24:15). Creo que era costumbre de muchas familias observantes de Alemania exponer un cartel similar.

No sé quién fue el que comenzó a colocar esta inscripción extraída del Tana"j en el muro de su casa, ni cuál fue su intención. Sin embargo, siento que esta declaración gráfica manifiesta públicamente que, por sobre todo, y más allá de lo que considere la "opinión pública", la persona quiere expresar que en su hogar se regirán de acuerdo a los principios de la Torá y no sucumbirá a la mediocridad general.

Cuando somos testigos de un padecimiento generalizado, nadie puede ni debe quedar al margen creyendo que "a mi no me va a tocar", "mis chicos ya son grandes", "yo ya pasé esta etapa". El problema de la creación de hogares y de la armonía conyugal con la consecuente influencia sobre los hijos, es un problema de todos. Espero que esta lectura haya sido útil para esclarecer un tema tan espinoso del cual tanto dependemos.

Rab Daniel Oppenheimer

http://www.tora.org.ar/

CICLO JUDIO DE VIDA (VI)

EDUCACIÓN JUDIA (I)

Mensaje

(Extraído de "La Voz de la Torá", por Rab Elihau Munk, © Rab A. Amselem, Miami)


Tu hijo es miembro de las más ilustres familias que el mundo conoció: La pista de su linaje puede ser seguida a lo largo de casi cuatro mil años; es descendiente de Abrahám, Yisják y Ya´akóv; de Saráh, Rivkáh, Rajél y Leáh. Miembros de su familia han sido reyes y Sumos Sacerdotes, Profetas, Jueces, Sabios, Maestros, médicos y hombres de letras. Está emparentado con Moshé y Aharón, con el Rey David y el Rey Shelomó. Casi al inicio del tiempo, sus ancestros trajeron civilización al mundo, enseñando y practicando un código de conducta que incluso hoy es de avanzada en comparación con los que rigen en muchos rincones del globo.

Cuando todos a su alrededor rendían culto a piedras y maderas, ellos se percataron del error y trasmitieron que sólo existe un único D-os de Quien todos dependemos en forma absoluta. Sus ancestros estuvieron parados ante el Monte Sínái y oyeron la voz de D-os enunciando las primeras palabras de los Díez Mandamientos. Sus parientes compusieron la Míshnáh y el Talmúd, y comentaron y codificaron las leyes en él contenidas. Durante milenios, miembros de su familia han dado, en medida desproporcionado a su número, muchos de sus considerables dones y talentos al mundo que los rodea. Han estado a la vanguardia de la lucha por la libertad; fueron los defensores de la dignidad humana. Ellos han propagado verdad y amor hacia sus semejantes.

Tu hijo es un judío; su connotación es el de un grupo. Es miembro de una Nación Santa, un Reino de Sacerdotes. Su familia fue elegida para ser ejemplo entre las naciones.

Tu hijo es un varón, un varón judío. Cuando tenía ocho días de vida fue introducido en el Pacto de Abrahám. Una inmensa Tradición descansa sobre sus espaldas; es una responsabilidad demasiado grande como para que un niño pueda cargarla. Pero su ser judío no es un accidente de nacimiento.

Se le han dado los medios para recibir esta inmensa Tradición. Tiene un alma que es porción de lo Divino. Si se le instruye y enseña apropiadamente, este niño, con el correr del tiempo, no sólo absorberá esta Tradición sino que ha de practicarla, viviendo de ese modo una vida buena, colmada y útil, y ha de trasmitirla sin compromiso ni detracciones a aquellos que han de seguirle.

A fin de lograr la plenitud de su inmenso potencial para el bien, para que pueda perpetuar la ilustre historia de su familia, este niño depende de sus padres. Ellos no sólo tienen la responsabilidad de vestirlo y alimentarlo, nutrirlo físicamente, sino también la de alimentar su espíritu. Es responsabilidad suya que, a través de ellos y de maestros adecuados, él y sus hermanos y hermanas reciban el Jinúj [la educación] prescrito por el Pacto Sagrado en el cual ha sido introducido.

En este punto del tiempo y por muchos días y años futuros, este niño deposita sus esperanzas y confianza en sus padres. El se apoya en ellos para que le enseñen cómo descargar sus responsabilidades y reclamar los privilegios inherentes en su derecho natural como eslabón de la familia más distinguida que hay sobre la faz de la tierra.

¿Qué padres traicionarían o fallarían ante tamaña confianza?


Rabino Abraham Amselem

http://www.tora.org.ar