domingo, 17 de junio de 2012
EL EXTRAÑO CASO DEL HOMBRE MUERTO Y LA EDUCACIÓN JUDÍA
La Torá es el secreto de vida. Preciosa más allá de las palabras, el manual de instrucción del Creador. Así que no era sorprendente que el gran Rabí Akiva se consagrara a estudiar Torá día y noche.
El Talmud (Kala Rabti) nos dice que Rabí Akiva entró una vez en el bosque para apartarse y meditar palabras de Torá, cuando de repente oyó un susurro extraño en la distancia. Parecía un animal grande acercándose. Alzó su mirada y vio algo aterrador: lo que se parecía a un ser humano quemado, que corría como un loco, resoplando y mirando fijamente hacia adelante con un montón de madera en su hombro.
Rabí Akiva comprendió que algo verdaderamente raro estaba pasando. Le ordenó al hombre que se detuviera y le pidió, en el nombre de la sagrada Torá, que explicara quién era y qué estaba haciendo.
Al principio el hombre fue renuente; tenía prisa y no tenía tiempo, pero finalmente la santidad de Rabí Akiva prevaleció y habló.
“No soy una persona viva” gimió asustadizamente, “soy un ser humano muerto castigado por sus pecados. Mi condena es que todas las mañanas mi alma se encarna en este cuerpo quemado y debo cortar madera, hacer un fuego grande y finalmente meterme en las llamas y quemarme hasta morir”
“¿Qué hizo para merecer semejante castigo extraño y doloroso?” le preguntó Rabí Akiva.
“Entre otras cosas, yo recolectaba impuestos” contestó. “Yo favorecería a los ricos y asesinaba a los pobres”.
“¿Hay algo que puede hacerse para ayudar”? Rabí Akiva preguntó.
“Sí”, contestó. “Oí del otro lado de la cortina que separa el infierno del cielo, que si tengo un hijo y él reza el Kadish por mí, disminuirá mi castigo. Pero no se si lo tengo. Hace años, cuando morí, mi esposa estaba embarazada. Quién sabe lo que pasó. Y aunque así fuera, ¿quién iba a educar al muchacho? No tengo ningún amigo en el mundo. Por favor permítame ir”
En ese momento Rabí Akiva asumió el proyecto. Preguntó al hombre su nombre y el nombre de su esposa y dirección de su casa y entonces le permitió escaparse para ejecutar su espantosa sentencia.
Al otro día, Rabí Akiva empezó su búsqueda. Parece que no había mucha gente que el difunto dejó sin lastimar y cuando Rabí Akiva mencionaba al hombre, o el nombre de su esposa, contestaban con un montón de maldiciones antes de darle las indicaciones.
Rabí Akiva encontró la casa. De hecho, la esposa del hombre había tenido un hijo pero era peor de lo que Rabí Akiva imaginó.
El muchacho era un salvaje; gritaba, tiraba piedras y maldecía a todos los que pasaban pero Rabí Akiva le dio unos dulces y ganó su confianza. Descubrió que el niño, además de ser analfabeto, también estaba incircunciso.
Rabí Akiva lo convenció que se hiciera la circuncisión e incluso empezara a aprender el Alef Bet.
Pero después de días de esfuerzo, a pesar que Rabí Akiva era el mejor maestro del mundo, el niño no aprendió nada; tenía una cabeza de piedra.
Pero Rabí Akiva no se rindió. Utilizó el arma más potente de todas; la Plegaria.
Ayunó durante cuarenta días; comiendo sólo pan y agua después del ocaso, y constantemente oraba a Di-s para que Él abriera la mente del muchacho… ¡y funcionó!. Una voz celestial anunció “Rabí Akiva, ve a enseñarle”
Le enseñó a leer la Torá y cómo rezar hasta que pudiera estar de pie ante la congregación y conducir la Plegaria. Y el Minián contestó “Amen, Iehe Sheme Raba Mevoraj”
Esa noche el hombre muerto se apareció a Rabí Akiva en un sueño y dijo. “Que Di-s lo bendiga y lo fortalezca así como usted me confortó y me salvó del juicio del infierno”
Ésta es una historia verdaderamente rara, sobre todo cuando recordamos que Rabí Akiva era el más grande y él ‘desperdició’ cientos de horas para salvar a un asesino.
La razón por la que lo hizo que es porque sabía del gran valor del alma judía. Como el propio Rabí Akiva dijo “El Amarás a tu prójimo como a ‘ti mismo’ contiene toda la Torá” (ver Rashi Lev. 19:18).
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viernes, 27 de abril de 2012
HISTORIAS PARA CONTAR EN SHABAT (VII):Salvado por un poco de vino.
Había una vez un judío muy acaudalado que se
dedicaba a la industria vitivinícola. Pero la fuerza no es eterna y tampoco la fortuna.
Un día descendió el hombre de su position y se fue a la quiebra.Meditando acerca de sus dificultades, recordó que tenía una pequeña vasija de vino en su negocio. El vino no era de muy buena calidad y pensó que los que lo prueben, no van a estar interesadas en comprarlo.
Cuando el judío el vino, cuyo aroma no era agradable en especial, llamo a la mujer y le devolvió el vino, pidiendo la devolución del dinero.
La mujer volvió acongojada y deprimida, y conto a su hijo lo acontecido, y concluyeron que solo podían esperar de la misericordia Divina.
Cada litro cuesta un dinar de oro — contesto el esperanzado comerciante — no encontrara un vino como este en toda la ciudad.
— Está bien — dijo el comprador — envíenme mil seiscientas a la dirección que te entregare.
El millonario entrego un adelanto de cuatrocientos dinares de oro y acordaron que el día que llegue el envió del vino, pagara el resto.
Con gran alegría, agradeció a D-s que provee el sustento a todas las criaturas, que le presento una oportunidad de recuperarse económicamente.
Al finalizar Shabat, fue el comerciante a los negocios de vino de la ciudad, compro vino común, lo mezclo con su vino y confió que D-s iba a ayudarlo a que el vino encuentre gratia en los ojos, del comprador.
Cargo la carreta con el importante número de vasijas y viajo a la dirección que le fue dada. Al llegar al lugar, pudo comprobar que se celebraba un festín con cientos de invitados.
Desde ese día, ayudo D-s al comerciante a reponerse y pronto llego a su antigua position. Su anciana madre, quedo muy sorprendida por el camino elegido por D-s para ayudar a su hijo, camino que "ella misma no había pensado, ni ofrecido."
Fuente: Traducido del judeo-arabe del libro "Musar Ab".( Del libro: Mi boca contará, ded Rab. Efraim Jadad)
viernes, 17 de febrero de 2012
HISTORIAS PARA CONTAR EN SHABAT (V): Juzga para bien

Un día Shabat por la mañana se acercaron a la casa de Rab Jaim unos yehudim y le dijeron:
– No lo tome a mal, pero su hermano, lamentablemente, ha perdido la razón.
– ¡Mi hermano! ¡Rab Zalman! ¿Pero qué pasó? – quiso saber Rab Jaim.
– Ayer por la noche, lo vimos corriendo por la calle bajo una lluvia torrencial, sin saco ni nada con qué cubrirse y... ¡con una linterna en la mano!Quisimos detenerlo y decirle “Shabat Shalom”, pero por lo visto no quiso ni hablar con nosotros, ¡y siguió corriendo empapado!
– ¡Oh! ¡Pues eso sí que es muy extraño! – comentó Rab Jaim.
Muy sobresaltado, Rab Jaim se dirigió inmediatamente a la casa de su hermano.
Cuando llegó lo encontró, como de costumbre, sentado en su mesa,con un libro de Torá en sus manos. Rab Zalman lo saludó:
– Shabat Shalom, hermano. ¿A qué se debe el honor? – y agregó cambiando de tono –: Te noto preocupado. ¿Pasa algo?
– Quiero que tú me digas qué es lo que pasó anoche. ¡Me contaron que te vieron en la calle corriendo!
– Ya, ya – lo interrumpió Rab Zalman con una sonrisa –. Te lo explicaré: estaba en mi casa, cuando escuché de la casa de mi vecino que su esposa lo estaba despertando para que fuera a llamar a la partera, porque comenzó a sentir los síntomas que le indicaban que en unos momentos iba a dar a luz. Afuera llovía mucho y hacía frío, y aparentemente el marido dormía profundamente, y por más que los gritos de la mujer se escuchaban hasta mi casa, el hombre no se despertaba. Lo que hice fue salir sin perder tiempo a buscar yo mismo a la partera.
Al principio busqué mi saco y no lo encontré. “Iré sin saco”, pensé.Y al salir vi que estaba muy oscuro, por lo que me vi obligado a cargar una linterna en Shabat (tú sabes que en estos casos está permitido), porque podía tropezarme y caer. Estaba en camino, y unos yehudim me saludaron diciéndome “Shabat Shalom”. ¿Acaso puedo detenerme y perder el tiempo hablando con ellos, mientras la mujer está en peligro? Seguí adelante; llamé a la partera, y todo salió bien, Baruj Hashem.
Rab Zalman bajó la vista y siguió en su lectura. Luego de un instante, se dirigió otra vez a su hermano y le dijo:
– ¡Ah! Te recuerdo: ¡el próximo Shabat tenemos berit milá en la ciudad!
Hamaor
lunes, 6 de febrero de 2012
La Historia de la Redención de un alma en pena a través del Amén

Luego le preguntó: “Por qué estas realizando un trabajo tan duro? Si eres un esclavo trabajando para unaamo que te exige tanto, te haré libre. Si se debe a que eres pobre te haré rico”, a lo cual el hombre replicó: “Por favor no me detenga, no sea que mis supervisores se enojen conmigo”.
Entonces R’ Akiva inquirió: “Qué es esto; cual es tu ocupación?”, a lo que el hombre respondió: “Soy un hombre que ha fallecido. Cada día me envían a cortar madera para luego quemarme con ella”
Entonces el Rav le pregunto: “Hijo mío, cual era tu oficio cuando viniste a este mundo?”. El hombre explicó lo siguiente: “Yo era un recaudador de impuestos de los ciudadanos prominentes;me comportaba con favoritismo hacia los ricos y con mala voluntad hacia los pobres”. R’Akiva pregunto entonces: “Has escuchado de tus supervisores si tienes alguna posibilidad de remediar tu situación?”, a lo cual el respondió “ Por favor le pido que no me detenga, no sea que los responsables de mi castigo se enfaden conmigo.Les he oído decir que no hay remedio. No obstante hay algo que si pude escuchar de ellos: “Si este pobre hombre tuviera un hijo que se pusiera de pie en la congregación y dijera Barju et H” Hamevoraj “Bendigan a Hashem El Bendito”, y la congregación le respondiera “Bendito es Hashem que Es Bendecido eternamente” y si el dijera “Yitgadal” y ellos respondieran “Amen” y “Yehe sheme rabba m’varaj” de inmediato sería liberado de su castigo.
No obstante esta persona no fue sobrevivido por un hijo. Dejo a su mujer embarazada, pero no sabe si ella tuvo un hijo. En cualquier caso, si lo tuvo, quien lo educaría?”... ya que no tenía ni un amigo en el mundo. Fue en ese momento cuando R” Akiva tomó su decisión: Averiguaría si la esposa del hombre había dado a luz a un hijo, y si así fuera, le educaría en Torá y le pondría en pie frente a la congregación. Volviéndose al hombre le pregunto:
-“Como te llamas?”,
- y el hombre respondió “Akiva”.
- “Y cual es el nombre de tu esposa?”
- “Shushvina”
- “Y el nombre de tu ciudad ?”
- “Ludkia”
De inmediato y con gran angustia, R’ Akiva fue a la ciudad y comenzó averiguar sobre este hombre.
Tan pronto llegó a esta ciudad de Ludkia y comenzó sus averiguaciones, se encontró con las siguiente respuesta: “...Que los huesos de ese hombre vil sean destrozados”, Y al preguntar sobre su esposa, recibió como respuesta “ ...Que su memoria sea borrada!”; luego preguntó por el hijo y le respondieron que no estaba circuncidado; que ni siquiera se habían tomado la molestia de realizar la ceremonia de circuncisión en el.
Entonces R” Akiva buscó al niño, le circuncidó y le sentó frente a el, aunque el mismo no aprendía Torá. Con decisión, R’Akiva ayuno 40 días en su beneficio, hasta que una voz Celestial vino y le dijo: “R’ Akiva, ve y enséñale. Entonces fue y le enseñó Torá, el recitado de la Shema, Shemone Esre y Birkat HaMazon. Luego le llevó ante la congregación, y en el momento oportuno el niño dijo: “Barju et Hashem ham’voraj” a lo que la congregación respondió: Baruj Hashem ham’vorachl’olam vaed” y “Yehe sheme rabba mevaraj”.
Fue en ese preciso instante en el que el hombre fallecido fue liberado inmediatamente de su tormento, y vino enseguida a R’ Akiva en un sueño, y le dijo “Sea la voluntad de D-os que consigas la felicidad en el paraíso, porque me has salvado de los tormentos del Gehinnom” Entonces R’Akiva abrió su boca y dijo: “Oh, S-ñor, Tu Nombre es Eterno; Oh, S-ñor Tu recuerdo es para todas las generaciones…”
lunes, 30 de enero de 2012
Sarah Schenirer Z”L y Los Seminarios “Bet Yaacob”

Anteriormente, el lugar natural donde cada hija de Israel recibía la educación judía era en su propio hogar. Mientras que los padres e hijos se elevaban en los caminos de la Torá en las yeshibot y baté kenesiot, las mujeres permanecían en el hogar ocupándose de las necesidades normales de una casa y ayudando económicamente a sus esposos, tejiendo o realizando trabajos caseros. Las hijas eran educadas por las madres y las abuelas con las bases que ellas mismas habían recibido de sus predecesoras. Así se cuidaron generaciones y generaciones de hijas correctas y recatadas que absorbieron en sus hogares santidad y pureza. Pero las épocas fueron cambiando. Nuevas corrientes ajenas a nuestras raíces empezaron a soplar en Europa y poco a poco fueron contagiando a muchos de nuestros hermanos y comenzaron movimientos laicos que pregonaban el liberalismo y la asimilación entre las naciones.
Los jóvenes que estudiaban en las yeshibot y quienes de una u otra forma estaban conectados directamente con la Torá, pudieron superar la enorme dificultad que se presentaba gracias en gran medida al mérito del propio estudio de la Torá que les daba la base necesaria. Pero las jóvenes de Israel empezaron a tropezar con esa corriente extraña. Ellas no tenían el estudio necesario que las protegiera, ya que sólo existían hasta ese momento escuelas judías liberales o las escuelas oficiales del país. ¿Cómo se salvaron de asimilarse e ir por el mal camino?
La educación que las jóvenes recibían en sus hogares era muy débil como para poder enfrentar la nueva corriente que amenazaba. El resultado fue terrible: Hijas de Israel que se asimilaban entre las naciones y otras que perdían toda la base de cumplimiento aun de los preceptos más elementales. Los Sabios de la generación clamaron por el peligro que acechaba. Ellos entendieron que si la mujer de Israel no tenía su lugar en la educación judía, no habría futuro para el pueblo. Pero, lamentablemente, no había reacción y la epidemia de la asimilación llegaba a las casas incluso de los que más cumplían Torá. Hasta que una mujer, una madre de Israel llamada Sarah SchenirerZ”L, una mujer común y sencilla, pero con un alma especial y un corazón fervoroso lleno de entusiasmo y entrega, hizo una revolución que llegó hasta nuestros días y salvó a esa generación y a las posteriores del desastre. Ella fundó la cadena de seminarios “Bet Yaacob”, donde las jóvenes fueron educadas con los conceptos de Torá y temor a Di-s continuando así el legado recibido en el monte de Sinai. Su lema era precisamente: “Bet Yaacob (hijas de Israel) encamínense en la luz de Hashem” (Yeshaya 2).
Bajo esa bandera recibieron la educación pura de la Torá miles de alumnas, gracias a su fuego interno y convicción, pese a todas las dificultades que se le presentaron para poder conseguirlo.
Los cientos de “Baté Yaacob” que existen en la actualidad son testimonio de la llama encendida por Sarah Schenirer, Z”L, en sus cincuenta y dos años de vida y que sigue alumbrando e intensificándose día tras día.
Cuando comenzó la primera guerra mundial y el ejército alemán invadía Polonia, los yehudim de Kraca escapaban para Austria y muchos de ellos se radicaban en Viena. Entre ellos, estaba la familia de Sara Shnirer. En el Bet Hakenéset al que concurrieron en Janucá, el Rab del lugar, Rab Flesh, Z”L, comenzó a disertar con un lenguaje claro y puro que conmovía al público y sobre todo a esta tzadéket, que se encontraba en el sector femenino. En un momento, el Rab se refirió a la figura de Yehudit en relación con el milagro de Janucá. Se dirigió a las mujeres diciendo: Hijas de Israel, tomen como ejemplo a Yehudít, sigan sus pasos incluso en ésta época y devuelvan a su lugar la corona de las hijas de Israel.
Sara Shnirer sintió que las palabras estaban dirigidas a ella. Decidió levantar el guante y enseñar y transmitir los conceptos del judaísmo auténtico a las mujeres de Israel. A partir de ese instante, fue escuchando todas las clases del Rab y anotaba en sus cuadernos las futuras disertaciones que ella daría cuando regresara a Kraca.
Cuando la guerra concluyó y retornaron a Polonia, comenzó la obra que Hashem le había destinado. En principio citó a las madres, luego a las hijas, y la luz de la Torá comenzó a alumbrar el camino. Sus palabras profundas y claras penetraban en los corazones, pero ella sabía que no alcanzaba con disertaciones para cambiar las conductas equivocadas. Se debía llegar a un cumplimiento natural de las mitzvot y para eso había que empezar desde muy temprano, cuando aún la pureza de las pequeñas estaba intacta. Debía enseñarles el idioma hebreo y las letras para que pudieran desarrollarse solas en el futuro. El desafío era grande, pero ella lo aceptó. En su propia casa comenzó a enseñar a niñas los conceptos básicos del judaísmo, hasta que con la ayuda económica de dirigentes de la ciudad pudieron alquilar un lugar para formar la primera escuela para niñas “Bet Yaacob”. Temas tales como historia judía, tefilá, halajot y todo lo concerniente a una Bat Israel se enseñaban en la escuela, hasta que el número de alumnas creció cada vez más. No tuvo el zejut de tener hijos, pero todo su potencial lo dedicó a sus alumnas, a las que engrandeció con Torá y mitzvot.
No se conformó solamente con la ciudad de Braca: se encargaba de despertar la conciencia de nuestra Torá en todo lugar. Enviaba maestras a las que ella misma había enseñado para que los “Baté Yaacob” se abrieran por toda Europa.
Al estallar la segunda guerra mundial muchas alumnas del seminario Sara Shnirer, Z”L, se vieron obligadas a quedarse en Cracovia sin posibilidades de volver a sus casas. Las morot estimulaban a sus alumnas y las preparaban a entregar sus almas por Kidush Hashem.
En el mes de Ab del año 5702, la directora del seminario reunió a sus 93 alumnas y les dijo: “Queridas hijas, todos los días pedimos a Hashem que no nos envíe pruebas, y que si las hay, las pasemos sin tropezar. Momentos difíciles vivimos. Debemos recordar las palabras de Moshé: “Hazur Taamim Paoló”, “Las obras de Hashem son íntegras”. Llegará el día en el cual tendrán que aplicar todo lo que estudiaron siendo fieles Benot Israel para Hakadosh Baruj Hú”.
A los pocos días, llegaron al seminario los soldados de la gestapo imaj shemam y ordenaron a las jóvenes que se bañaran y se vistieran con sus mejores ropas. Avisaron a la directora que al día siguiente, 93 soldados vendrían a buscarlas.Al escuchar estas palabras, la directora se dio cuenta de que llegaba el momento de la prueba. Enseguida ordenó la menhaélet a sus alumnas que fueran a bañarse y vistieran sus mejores ropas... Pero antes que llegaran los soldados, las reunió nuevamente y les dijo: “Queridas alumnas, yo sé que ustedes están preparadas para morir por Kidush Hashem, pero sepan que los soldados que en un rato vendrán, no sólo quieren exterminarnos físicamente, sino también, espiritualmente... Sus alumnas se estremecieron, y ella continuó: “... tengo en mis manos píldoras venenosas. Si alguno de los soldados, quiere tocarlas, deberán ustedes tragarlas, y no les permitan ensuciar sus neshamot.
Una luz de Emuná y fortaleza iluminó a las 93 jóvenes. De a una se iban acercando hacia la Menahélet y le extendían la mano. Al día siguiente, antes que llegaran los nazis al lugar, se reunieron todas en el salón del seminario y juntas pronunciaron: “He aquí que estamos dispuestas a entregar nuestras almas por Kidush Hashem”. Inmediatamente, tomaron cada una su pastilla y, junto con la Menahélet, alzaron sus voces, llegando hasta el Trono Celestial el“Shemá Israel...” y devolvieron sus almas a su Fuente Divina.
Para concluir este comentario, recordemos parte de la carta que la tzadéket Sarah Schenirer, Z”L, dejó no sólo a sus alumnas sino a todos nosotros también:
“Muchos son los pensamientos de la persona, pero sólo la idea de Hashem es la que se cumple” (Mishlé 19). Todo lo que Hashem hace es para el bien, Alabado sea Su Nombre. Yo, que toda mi vida me lamenté de no poder llorar en el momento de la tefilá, es difícil para mí contener las lágrimas en este momento, porque siento una unión espiritual hacia mis alumnas. Estoy segura de que ustedes también llorarán cuando lean mis palabras. Que sea la voluntad de nuestro Padre Celestial que nuestras lágrimas lleguen hasta Su Trono para pedir la salvación de Israel. Me dirijo a ustedes, hijas queridas, que salen al mundo para educar a las hijas de Israel y formar los hogares de Israel. Estoy segura de que ustedes saben bien su función, pero quiero advertirles sobre dos grandes peligros que se pueden presentar: cuídense, hijas mías, del orgullo y de la altivez que seducen a la persona haciéndole creer que es digna de respeto; pero por el otro lado, cuídense del extremo inverso, de creer que no tienen ningún valor porque eso trae tristeza, depresión e introduce dudas en el corazón de la persona sobre el éxito de su vida. La vida es difícil en muchas circunstancias, pero ustedes poseen los elementos claves que las ayudarán: Temor a Hashem, cariño a Hashem y el servicio a Hashem. Desde lo profundo de mi corazón, surge mi tefilá a Hashem: Señor del Mundo, ayuda a mis hijas en su difícil trabajo, no les presentes pruebas duras y que se cumpla en ellas el dicho de nuestros Sabios: “Quien desea purificarse, del Cielo lo ayudarán”. Fortalézcanse, hijas mías, en su trabajo sagrado, no debiliten sus manos ni se cansen en su entrega para servir a Hashem. Recuerdo ahora el suceso sobre aquel jasid que se presentó ante su Rab lleno de alegría: “¡Terminé el Shas íntegramente! El Rab lo miró con una sonrisa y le dijo: “¿Y a ti qué te enseñó el Shas?” Sí, hijas mías, disfruten del tesoro de la Torá que adquirieron, pero no olviden que no es el estudio lo principal sino el cumplimiento. Termino mis palabras con los versículos conocidos por ustedes: “Sirvan a Hashem con alegría” (Tehilim 100). “Puse a Hashem delante mío siempre” (Tehilim 16). “El comienzo de la sabiduría es el temor a Hashem” (Tehilim 111). “La Torá es íntegra y tranquiliza el alma” (Tehilim 19).
Que el ejemplo de esta tzadéket ilumine y guíe la vida de todas las hijas de Israel.
Amén.
Benot Israel Or Torá.Maasé Shehayá.Elías Askenazi
jueves, 26 de enero de 2012
HISTORIAS PARA CONTAR EN SHABAT (II): La recompensa de Shabat

Según el comentario de Nuestros Jajamim, de aquí se aprende que, quien no escatima en
gastos para disfrutar y respetar el día de Shabat recibe de Hashem una recompensa (material) mucho mayor de la que le costó.
Para entender mejor este concepto, imaginemos la siguiente situación:
En una ciudad había dos hermanos; uno rico y uno pobre.
El rico recibió de su padre un fax que decía: “Querido hijo: te envío este fax a ti porque tu hermano está tan pobre que ni siquiera tiene teléfono. En cambio tú, gracias a Di-s, estás en condiciones de llevar a cabo lo que te voy a pedir. Dentro de unos días voy a casar a tu hermano menor y haré una fiesta.Yo quisiera que mis dos hijos, que viven lejos de mí, me acompañen.
Ven tú y tu hermano a esta ciudad, y no escatimes en gastos. Y como sé que todo lo que gastes será para hacerme quedar bien y rendirme honores, yo me comprometo a que cuando termine la fiesta, no sólo te repondré lo que pagaste, sino que te daré un
premio siete veces más de lo que resulte en la cuenta total.Los espero.Tu padre.”
El hijo, apenas acabó de leer la hoja, salió hacia las tiendas más caras y se compró las ropas más finas.
Encargó unos boletos de avión primera clase y organizó todo de manera que su viaje fuera de lo más suntuoso.
En el camino hacia el aeropuerto, detuvo la limusina que había rentado y, luego de bajarse golpeó la puerta de una humilde casa.
Salió su hermano pobre, que le dice:
– ¡Qué milagro!
– ¿A que se debe la visita?
El rico lo tomó del brazo y, mientras lo arrastraba hacia el coche, le dijo:
– ¡No es ningún milagro ni ninguna visita!
¡Nos vamos a la boda de nuestro hermano menor!
¡Y si no te apuras perdemos el avión...!
– ¿Boda?
– ¿Avión? – Preguntó desconcertado el otro hermano, ya dentro de la limusina.
– Bueno, déjame por lo menos ponerme algo más decente...
– ¡Así estás bien! ¡Ya no hay tiempo! – le dijo el rico, al tiempo que arrancaba el vehículo.
Cuando llegaron a la recepción, entró primero el rico.
Todos lo vieron rodeado de lujos, joyas y hasta servidumbre que lo acompañaba.
– ¿Quién es ése? – preguntó toda la gente.
– ¡Es mi hijo! – respondió el dueño de la fiesta.
– ¿Y el sirviente tan mal vestido que está atrás?
El padre bajó la cabeza y exclamó avergonzado:
– No es un sirviente: ese también es mi hijo.
La fiesta transcurrió normalmente y, antes de que todos se despidieran, el hijo rico muestró a su padre un montón de notas de venta. El padre hizo como si no hubiera visto nada.
“¿Qué? ¿Ahora no quiere cumplir con su promesa?”, pensó el hijo.
“No me voy a quedar callado. ¡Se lo voy a decir!”.
– Papá: aquí está toda la cuenta de lo que gasté.
– Ah, muy bien, muy bien. Que te haga provecho...
– Pero... Tú me aseguraste que me ibas a regresar lo que gasté,más un premio...
– ¿Qué fue lo que yo dije?
– Mira: aquí tengo tu carta y la voy a leer...
El hijo comenzó a leer la carta en voz alta y en un momento su padre lo interrumpió:
– ¡Lee eso otra vez!
– Y como sé que todo lo que gastes será para hacerme quedar bien y rendirme honores, yo me comprometo a...
– ¡Qué escuchen tus oídos lo que tu boca pronuncia! – interrumpe nuevamente el padre.
– ¿Por qué, papá? ¿Acaso no te hice quedar bien? ¡Todo el mundo no tenía más que elogios hacia mí!
– ¡Sí, pero esos elogios eran sólo para ti, todo lo que hiciste fue para ti!
Yo me hacía cargo de todos los gastos si entre ellos incluías los de la vestimenta de tu hermano, para que la gente no lo viera tan mal vestido. Si lo hubieses hecho de esa manera, me hacías quedar bien y me honrabas. En cambio, con tu actitud tan personal, demostraste que todo lo que gastaste fue sólo para tu propio beneficio
La moraleja es clara: Hashem aseguró a la persona que le retribuirá con creces si gasta generosamente para Shabat. Pero con la condición de que su mesa esté ompartida con los necesitados. Si la persona está gozando de sus comodidades durante el Shabat
mientras muchos de sus hermanos se sumen en la pobreza (y esta persona pudo haber evitado en parte esa pobreza), ¿podrá reclamar a Hashem la recompensa? Lo que quiere Hashem de cada yehudí es que, si no puede ayudar al prójimo carente de recursos, al menos que se preocupe por su situación. Darle una simple moneda es considerada por la Torá como si le salvase la vida. Después de ello, sin necesidad de reclamar, la recompensa llegará sola...
Extraído de Mishlé Yaacob. Hamaor
viernes, 20 de enero de 2012
HISTORIAS PARA CONTAR EN SHABAT (I): El Shabat te cuida

En medio del océano, el capitán del barco en el que viajaban recibió la orden de desviarse de su ruta ante la posibilidad de que el sector del mar Mediterráneo por donde iban a pasar estuviese minado, en virtud de la guerra que iba a comenzar en cualquier momento.
Resultado: en lugar de llegar a Eretz Israel ese miércoles, lo hicieron el viernes 1º de septiembre, faltando unas horas para la puesta del sol. Un rato antes, la segunda guerra mundial había estallado, con la invasión de los alemanes a Polonia. Los altavoces indicaban a todos los pasajeros que debían abandonar el barco en el acto. El equipaje podía ser reclamado en el muelle, y los pasajeros debían retirarlos de ahí lo antes posible. ¡El caos reinaba! Rabí Yaacob
Yosef Herman y su esposa enfrentaban un terrible dilema: En unos momentos entraría Shabat ¿Cómo harían para retirar su equipaje cuando debían dirigirse inmediatamente a la casa de Rab Alfa, antes del tiempo permitido?
Rabí Herman tomó presuroso la maleta que contenía los Tefilín y el Séfer Torá, y su esposa sólo llevaba la bolsa de mano. Sin detenerse, atravesaron el camino que los llevó al puesto donde se encontraba el oficial de la aduana.
El militar inglés escuchaba con atención las palabras de Rabí Yaacob:
– Yo nunca en mi vida he profanado el Shabat. ¡No lo voy a hacer ahora, en la Tierra Santa...! – dijo, mientras las lágrimas surcaban su rostro.
– Rabino – le explicaba cortésmente el oficial –estamos en guerra.
– Usted sólo séllenos los pasaportes y déjenos ir – le replicó Rabí Yaacob –. Retiraremos nuestro equipaje después, cuando acabe Shabat.
– Eso es imposible. El barco debe zarpar ahora mismo y dejaremos todas las maletas que no fueron retiradas en el muelle. Una vez que el barco abandone el puerto, nadie se hará cargo de lo que quede en él.
– No me importan mis pertenencias. Usted sólo séllenos el pasaporte para que podamos irnos – insistió Rabí Yaacob.
El oficial lo miró con extrañeza.
– Dígame, Rabino: ¿se puede saber en qué consiste su equipaje?
– Dieciséis cajas y nueve maletas.
– Diecis... Pero, ¿entiende usted que desde el momento en que el barco abandone el puerto todas sus pertenencias quedarán sobre el muelle sin que nadie se haga cargo de ellas? ¡Hasta mañana en la noche no le quedará ni el recuerdo de lo que trajo! ¡Los árabes se apoderarán de lo más insignificante..! – enfatizó el oficial.
– No tengo otra alternativa – manifestó Rabí Yaacob –. El Shabat está aproximándose y debo llegar a tiempo. ¡Por favor! ¡Sólo selle nuestros pasaportes y déjenos ir..! – su voz sonaba desesperada.
El incrédulo oficial llamó a uno de sus agentes.
– Sélleles los pasaportes y permítales retirarse – le ordenó –. Este Rabino está dispuesto a perder todas sus cosas con tal de llegar a la ciudad antes del comienzo del Shabat de ellos.
El agente los miraba asombrado mientras estampaba su sello en la documentación. Rabí Yaacob Yosef tomó su maleta, que sostenía el Séfer Torá; su esposa sostuvo su bolsa de mano y salieron de ahí presurosos.
Tomaron un taxi y llegaron a la casa del Rabí Alfa justo a tiempo para encender las velas.
En el transcurso de ese Shabat Rabí Herman experimentó una gran elevación espiritual. A cada rato decía a su esposa:
– Tú sabes: “El Jefe” (en inglés: “The Boss”. Así llamaba Rabí Yaacob Yosef Herman a Hashem) hace todo por mí. ¿Qué, acaso no puedo hacer algo yo por Él? Al fin y al cabo logré el privilegio de cumplir la mitzvá de servir “Bejol Meodeja” (“Con todos tus bienes”) y santificar Su Nombre...
En realidad, a su esposa le costaba manifestar semejante emoción. Ella estaba física y emocionalmente exhausta. Extrañaba tanto a sus hijos que no encontraba sosiego ni en su mente ni en su corazón. Para colmo, perdieron todo lo que tenían... Era un trance demasiado difícil de asimilar. No obstante, no se escuchó de ella ninguna queja.
A la finalización del Shabat, después de esperar setenta y dos minutos desde la puesta del sol, y luego de la habdalá, el anfitrión se dirigió a los invitados:
– ¿Qué les parece si nos vamos al puerto? – les sugirió –. Puede ser que encontremos allí algunas de sus maletas.
Rabí Yaacob y su esposa no compartían tanto el optimismo de Rab Alfa, aunque igual accedieron a su propuesta.
El puerto se encontraba casi en penumbras. Al final del muelle se divisaba una tenue luz y hacia allí se dirigieron con cautela.
– ¿Quién anda ahí?
– Gritó una voz en inglés.
– Somos unos pasajeros que vinimos en el barco que llegó ayer por la tarde. Venimos a ver si...
– ¡Identifíquese! – interrumpió el militar.
– Yaacob Yosef Herman – fue la respuesta.
– Bien, Bien, Rabino. Por fin llegó – le dijo el militar en inglés,mientras le hacía señales para que se acercaran –. Me aseguraron que usted iba a estar aquí luego de la puesta del sol, pero veo que se demoró un rato más – agregó –. Mi comandante me amenazó con cortarme la cabeza si a alguna de sus pertenencias le pasaba algo.A ver... revise bien si está todo en orden y fírmeme estos papeles. Y por favor: llévese todo esto de aquí lo antes posible... ¡Estoy completamente agotado!
All For The Boss, 343. Hamaor
sábado, 14 de enero de 2012
La ventana de Abraham

Cierta vez llegó Rabí Mordejay, uno de los más importantes personajes de la época. Abraham se adelantó e invitó al Rab a alojarse en su casa, logrando su cometido a pesar de la insistencia
de otros muchos más ricos que él. El Rab no se arrepintió de haber pasado esos días en la casa de Abraham.
Se quedó profundamente impresionado. A pesar de su sencillez, vio que no sólo a él lo atendían a cuerpo de rey, sino a todos los pobres y necesitados que solicitaban de su generosidad. Antes de
marcharse, el Rab bendijo a Abraham y le deseó que Hashem le envíara bienestar y riqueza.
La berajá se cumplió con creces: Al poco tiempo, Abraham se convirtió en un próspero comerciante, dueño de grandes empresas y campos.
Su modesta casa fue remplazada por un palacio residencial colmado de lujos. Cuando aparecía Abraham y su esposa en público, ya se los veía con las ropas más suntuosas. Pero no sólo
exteriormente cambiaron, sino también interiormente: la casa ya no era el lugar donde todos los necesitados acudían a cobijarse. Los que tocaban la puerta se encontraban con un mayordomo que les negaba la entrada.
Algunos decían que Abraham no quería que sus valiosos y delicados objetos y muebles de la casa de vieran deteriorados con el entrar y salir de la gente. Otros lo defendían diciendo que Abraham ya no tenía tanto tiempo para atender a las visitas que no le redituaban ningún beneficio comercial; estaba muy ocupado en sus negocios y sólo se relacionaba con gente muy importante. La cuestión era que la casa de Abraham, antes apodada “la casa de Abraham Abinu”, ya únicamente se conocía por fuera.
Se enteró el Rab de todo esto y pensó angustiado: “¡Ay de mí! Mi berajá sirvió para beneficiar a uno, ¡pero para perjudicar a muchos..!”, y tomó la decisión de ir a solucionar personalmente la
situación.
Cuando el mayordomo avisó a su amo Abraham quién estaba en la puerta insistiendo en entrar, salió rápidamente a recibir al que propició que se haya transformado en un acaudalado.
– ¡Perdóneme, Rab! – se disculpó Abraham – es que mi mayordomo tiene orden de no dejar entrar a cualquiera. Pero usted aquí es el dueño de todo esto. Pase, por favor.
El Rab quiso decir algo, pero se contuvo. Entró y siguió a Abraham por toda la casa, mientras éste se preocupaba por mostrarle cada uno de los rincones.
Llegaron a una ventana y el Rab se detuvo.
Llamó a Abraham y le dijo:
– Dime: ¿Tú sabes quién es ése que está ahí enfrente?
– Sí, Rab – respondió Abraham Abinu –, es Shemuel, el sastre.
– Y esa señora ahí parada, ¿quién es?
– Es la viuda de Mijael, el carnicero.
Antes de que Abraham alcanzara a preguntar al Rab la razón de sus preguntas, fue tomado de la mano y llevado a uno de los rincones de la casa, donde había pasado anteriormente. El Rab se paró frente a un espejo y, señalándolo, dijo a Abraham:
– Dime ahora: ¿qué ves aquí?
– Pues... ¡Me veo a mí mismo!, – respondió Abraham extrañado.
– ¡Qué raro! – decía como por lo bajo el Rab –. Cuando te paraste frente a la ventana viste a la gente, y cuando te paraste frente al espejo te viste a ti. ¡Y las dos cosas están hechas de vidrio! ¿Por qué? ¿Qué diferencia existe entre el cristal y el espejo?
Abraham sabía que el Rab no ignoraba la respuesta, pero intuía que quería decirle algo más. Por eso le explicó:
– Bueno. El vidrio de la ventana no tiene nada, es traslúcido, y por eso se puede ver a través de él. El vidrio del espejo tiene una película de plata, lo que hace que las imágenes se reflejen.
– ¿Ya ves?, eso fue lo que cambió tu vida. Antes, tu casa tenía ventanas traslúcidas, lo que te permitía ver a la gente pobre y necesitada para invitarlas y compartir tu hogar. Después, los vidrios se llenaron de “plata”; de dinero; de bienes materiales... Ahora sólo te ves a ti mismo.
Cuando el Rab vio que la expresión facial de Abraham demostró que captó el mensaje, siguió hablando.
–Tu situación cambió, gracias a Hashem, pero la de muchos pobres y necesitados aún no. Y es ahora cuando tú más puedes ayudarlos.
Es ahora cuando más puede seguir siendo tu casa “la casa de Abraham Abinu...”
Desde ese momento, Abraham volvió a ser el que era antes. Su casa estaba otra vez llena de gente que entraba y salía para comer y dormir. Bueno, sólo un pequeño cambio se notaba en uno de los rincones: en el lugar donde antes había un espejo, Abraham mandó construir una ventana...
Maasé Shehayá.Elías Askenazi.(Extraído de Amudé Jésed 284. Hamaor)
miércoles, 11 de enero de 2012
¡Todo lo que hace Hashem es para bien!

El Gaón Rabí Eljanán Wasserman, Z”L, fue uno de los más grandes personajes de su época. Después de fundar yeshibot, enseñar Torá a miles de alumnos y mostrar sus extraordinarias cualidades, las garras asesinas nazis profanaron su cuerpo, aunque su corazón sigue latiendo en cada uno de nosotros.
Según un testigo presencial, éstas fueron sus últimas palabras, antes de que su alma se elevara a las alturas. Le preguntaron por qué Hashem estaba haciendo esto con su pueblo. El Gaón respondió con un mashal:
Una vez, una persona que nada sabía de agricultura fue al campo y preguntó a un campesino cómo era todo el proceso hasta que el pan llega a la mesa. El agricultor lo llevó al campo y le preguntó qué veía. El visitante respondió: “Veo un campo muy verde y hermoso”.
De repente, el agricultor se puso a arar la tierra y el hombre le dijo:
“¿Por qué destruiste toda la vegetación del hermoso campo?”
“Ten paciencia y verás”, le respondió el agricultor.
Después, le mostró a su visitante una bolsa llena de semillas y le preguntó qué veía. “Unas semillas muy gordas”, contestó.
Y qué grande fue su sorpresa al ver que el agricultor “echaba a perder” otra vez algo tan valioso: tomó la bolsa y arrojó todas las semillas a los surcos de la tierra, para luego enterrarlas.
“¿Te volviste loco?”, le gritó el visitante. “Antes destruiste toda la tierra, y ahora tiras todas las semillas que tienes”. “Ten paciencia y verás”, le respondió el campesino.
Pasó un tiempo y el campesino llevó nuevamente al campo a su invitado y le mostró la siembra. “Tengo que reconocer que tuviste razón: dejaste el campo mejor que antes. Ahora me doy cuenta de
por qué hiciste lo que hiciste.”
“Sí, pero el trabajo aún no está terminado. Todavía necesitas tener mucha paciencia”, dijo el campesino.
Y no pasó mucho tiempo cuando éste tomó una guadaña y cortó todas las espigas que tenían dentro unas semillas más gordas que las que había sembrado. Y ante la mirada atónita del visitante, dejó el campo desolado, como si no hubiera pasado nada. Luego amarró las espigas y “adornó” el campo con parvas muy bonitas. Pero la belleza duró muy poco: se
llevó las parvas a otro campo, y allí comenzó a golpear las espigas duramente, hasta convertir todo eso en un montón de plantas despedazadas. A continuación, separó las semillas de las espigas y juntó a todas ellas en un gigantesco depósito. Y cada vez que hacía cada uno de los trabajos, le decía al visitante: “Ten paciencia, ya verás”.
El campesino tomó las semillas y las colocó en un molino.Y por el otro lado apareció la harina.
“¿Qué hiciste? ¡Todas las semillas que juntaste, las hiciste polvo!”
A lo que recibió como respuesta: “Ten paciencia, ya verás”.
Cuando el visitante vio que el agricultor mezcló la harina con agua, se tomó la cabeza, mientras decía para sí: “¿Qué querrá hacer éste ahora, con esa pasta blanca?” Pero al ver que esa “pasta blanca” tomó una forma agradable en las manos del campesino, se calmó.
Sin embargo, la calma no le duró mucho: todas esas formasarmoniosas fueron a parar al horno.
“Ya no me queda ninguna duda de que has perdido la razón”,exclamó el visitante. Tanto trabajo te costó conseguir lo que tenías,¡y ahora lo estás quemando con tus propias manos!”
Una carcajada salió de la boca del campesino, mientras le decía: “¿No te dije que debías tener paciencia y esperar?”
“¿Más todavía?”, repetía una y otra vez el visitante. “¡Pero si yaestá todo perdido!”
Pasó un rato nada más, y el campesino sacó del horno unos panes calientes y dorados y los puso frente a él, en la mesa. Y mientras le cortaba un pedazo y se lo daba para comer, le decía: “Ahora, ¿ya entiendes todo?”
Rabí Eljanán Wasserman, Z”L, concluyó diciendo a los que lo escuchaban:
“Hashem, nuestro Creador, es el agricultor y nosotros, los humanos, somos los visitantes ignorantes de una vida que no
entendemos ni conocemos. No tenemos ni la más mínima idea de cuál va a ser el resultado de todas las acciones de Hashem, y cada cosa que pasa pensamos que no tiene lógica, porque la medimos con nuestra propia vara. Pero cuando se termine “Su trabajo”, recién vamos a entender por qué Hashem hizo todo lo que hizo.
Tenemos que tener Emuná y paciencia”, – concluyó el Gaón sus palabras – “al final, sabremos el porqué de las cosas, aunque éstas aparezcan como ilógicas o terribles. Porque, ¡todo lo que hace Hashem es para bien!
Or Eljanán. Hamaor(Maasé Shehayá)
domingo, 13 de noviembre de 2011
CINCO CUALIDADES QUE PODEMOS APRENDER DE UN LÁPIZ

PRIMERA: Puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una mano que guía tus pasos. Esa mano es Hashem. Él siempre te llevará por el buen camino y te ayudará siempre.
SEGUNDA: De vez en cuando necesitas dejar de escribir y usar el sacapuntas. Eso hace que el lápiz sufra un poco, pero al final está más afilado. A veces nosotros no somos capaces de soportar algunos dolores, pero tenemos que saber que son para que nos mantengamos en el mejor camino y que a veces esos sufrimientos son para crecer y ser mejor persona.
TERCERA: El lápiz permite que usemos un borrador para borrar aquello que está mal. Nosotros tenemos que aprender a olvidar y borrar todos esos malos momentos y todas esas cosas malas que hemos hecho.
CUARTA: Lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior, sino el grafito que hay adentro. Por lo tanto, cuidemos siempre todo lo que sucede en nuestro interior, y aprendamos que todo lo chico siempre tiene más valor. No importa el estuche que usemos, siempre lo mejor va adentro, guardado y cuidado. A eso se le llama tzniut.
QUINTA: El lápiz siempre deja una marca. De la misma manera, sepamos que todo lo que hagamos en la vida dejará trazos. Intentemos ser conscientes de cada acción que hagamos porque todo queda guardado.
(Kolel kol Yaakov. http://kolelkolyaacobmelilla.blogspot.com/)
martes, 25 de octubre de 2011
BAR MITZVÁ, VEINTE AÑOS DESPUÉS

El siguiente relato fue escuchado del Rab Reubén Elbaz Shelita, Director de la Ieshivá Or Hajaim. El Rab Elbaz es uno de los más grandes oradores del mundo, quien con sus vibrantes palabras y su encomiable entrega para difundir la Torá entre los Iehudim de Eretz Israel, logró que decenas de miles de hombres y mujeres retornaran en Teshubá.
Me encontraba en un destacamento militar del ejército israelí. Allí brindé algunas conferencias de esclarecimiento a todos los soldados de la unidad.
Al día siguiente, junto con los Jajamím que me acompañaron, preparamos una mesa donde habían Sidurim (Libros de Rezo); Taletot y Tefilimot (plural de Talet y Tefilín). Todos los interesados se acercaban y tomaban un Sidur y. mientras les ayudábamos a vestirse el Talet y el Tefilín, les orientábamos acerca de la manera de decir Tefilá.
Se acerca lentamente un militar, y me pregunta intrigado:
- Rabí: ¿Qué son esas correas? ¿Qué significan esos cubos de cuero que les están colocando a cada uno?
-Primero quiero saber una cosa: - le dije mientras lo observaba - ¿Tú eres judío?
La pregunta no le cayó muy bien. Me miró enojado y mientras me mostraba su hombro me dijo:
-¿Qué está preguntando usted? ¿Acaso no ve mi graduación? Soy teniente!
-Lo lamento mucho - me disculpé -. Lo que pasa es que a nuestra Ieshivá, en Ierushalaim, llegan muchos miembros del ejército israelí con graduaciones como ésa. Una vez vino a visitarnos un contingente militar. Les hablé de la Torá; de las Mitzvot, ya sabes. Cuando acabé, señalé a uno de los militares presentes (tenía un alto rango) para que me dé su opinión acerca de lo que había escuchado, y me dijo públicamente: "Bueno. Yo voy a hablar como ciudadano de Israel, pero no como judío, sino como druso (árabe) que soy: Tengo que reconocer que la Torá de ustedes es lo que mantiene viviente al pueblo judío..." Las palabras de ese hombre me dejaron anonadado. Como ves - continué diciéndole -, la graduación que tú me muestras no necesaria¬mente me dice que eres judío.
- Tiene razón - reconoció. Y agregó: - Bueno, pero no me dijo qué es eso…
¿De veras no sabes qué es un Tefilín? - le pregunté.
- No. Nunca había visto algo así.
- ¿No sabes... qué es el "Bar Mitzvá"?
- Espere... - dijo mientras pensaba - ¿Es algún, tipo de cuenta bancaria? - luego me miró detenidamente y agregó: - Oiga... ¿Qué le pasa? ¿Por qué llora?
- ¿Cómo no voy a llorar? ¡Estoy viendo un Iehudíadulto que no tiene idea de lo que es una de las más importantes Mitzvot de la Torá! -le respondí.
Desde ese instante, lo tomé del hombro y me senté con él a hablar en un costado. Nos quedamos más de una hora platicando. Le expliqué la grandeza de la Mitzvá del Tefilín, de la que sólo el Am Israel posee el privilegio de cumplirla. Le conté que adentro de las cajitas hay unos pergaminos en los que están escritos los párrafos de la Torá que se constituyen en la más grande y acabada declaración de Fe hacia HaShem: "Shemá Israel"; "Kadesh li…”Le dije que El Creador le encomendó a cada Iehudí, que debe amarrar en su brazo; al lado de su corazón, y en su cabeza, como una corona, lo que nos identifica como judíos. Le relaté historias de muchos que entregaron sus vidas con tal de cumplir con la Mitzvá, y mucho que dejaron este mundo con el Tefilín puesto. Le mencioné lo que está escrito en la Guemará: Que cuando HaShem ve que Sus Hijos cumplen con la Mitzvá de Tefilín, Él (en sentido figurado), también se coloca un Tefilín en el que está escrito: "¡Quién hay como tú, Pueblo de Israel, nación única en la tierra!". Le expliqué que es por eso que a los niños de trece años se les festeja su Bar Mitzvá, porque a esa edad adquieren la obligación y responsabilidad de llevar el Tefilín como "Credencial de Iehudí" para toda la vida. Cuando terminé de decirle esto último, se quedó cabizbajo y en silencio. Me animé a preguntarle:
- ¿En qué piensas?
Me respondió sin mirarme, como con vergüenza:
- El Tefilín; esa cosa tan hermosa... Y yo ni siquiera tenía idea de que existía. ¿Sabe una cosa? Mis padres nunca me hicieron la ceremonia de Bar Mitzvá...
- ¿Cuántos años tienes? - quise saber.
- Treinta y tres.
- ¡Treinta y tres! - repetí - Sólo pasaron veinte años...
- ¿Quiere decir... que todavía estoy a tiempo para mi ceremonia de Bar Mitzvá?
- Mientras el Iehudíviva, está a tiempo de todo... Pero una ceremonia de Bar Mitzvá siempre va acompañada de una fiesta. ¡Ve a vestirte con tus mejores ropas! ¡Prepárate para la más grande Fiesta de Bar Mitzvá que hayas visto...!
Dicho esto, el hombre se fue corriendo emocionado a su cuarto, mientras nosotros invitamos a todos los integrantes de la unidad militar a participar en la fiesta.
Ese día, el teniente israelí, ataviado como novio, recibió de regalo un Tefilín nuevo, y un montón de otros regalos improvisados. Cantamos; bailamos; comimos en un banquete que surgió de lo que teníamos a mano, pero preparado con mucho cariño, y al final, el "Jatán Bar Mitzvá" pronunció su discurso con lágrimas en los ojos. Esas lágrimas arrancaron otras tantas, en cada uno de los que presenciamos una Fiesta de Bar Mitzvá como jamás habíamos visto ni imaginado.
Desde aquel día, el teniente del ejército Israelí se convirtió en un consumado Bá-al Teshubá (Retornante a la Tora), y era un gran orgullo para él, arremangarse la camisa y mostrar las marcas del Tefilín en su brazo...
(Transcripción de un fragmento de un discurso del Rab Reubén Elbaz Shelita)
jueves, 6 de octubre de 2011
¡APROVECHEMOS CADA INSTANTE DE VIDA.. !

Después de ver esto, ¡cómo tendría la persona que esforzarse en los pocos días que tiene en este mundo, para no dejar pasar un instante en vano! Esta corta vida es como unos pocos días en el año de un comerciante, durante los cuales tiene que aprovisionarse; vender y, con el dinero obtenido, seguir subsistiendo. El Creador nos agració con una existencia, la cual, aunque corta, nos permitirá acumular el bagaje de "alimentos espirituales" que necesitaremos para nuestro viaje al Mundo Venidero.
El Gaón de Vilna lloraba amargamente, porque veía la inminencia de su despedida de este mundo. Él, que tenía todo el Mundo Venidero asegurado, se dio cuenta que sólo en la vida terrenal es posible cumplir con las Mitzvot de HaShem. Pues aunque luego se encontrará en el más amplio de los Paraísos, si allí quisiera cumplir una sola Mitzvá, no le permitirían. En cambio en este mundo es posible alcanzar el cumplimiento de todas las Mitzvot de la Torá, con sólo observar el Tzitzit.
¡Qué valor tan inmenso tiene cada Mitzvá que HaShem nos encomen¬dó! ¡Y cómo debemos procurar aprovechar el tiempo para cumplir cada día más..!
(Extraído de Shem Olam - Cap. XIX)
(“HAMAOR”; Tomo 2; Kolel MAOR ABRAHAM-KÉTER TORÁ; Ediciones HAMAOR-MÉXICO)
miércoles, 21 de septiembre de 2011
ENTREGAR LA VIDA EN VIDA

Los Dayanim (Jueces) del Bet Din Hagadol (Supremo Tribunal Rabínico) de la ciudad de Tzefat (Safed, Israel) se quedaron perplejos. El hombre que, acababa de entrar era bien conocido como uno de los más rebeldes, inmorales y malvivientes de la Comunidad. Estaba considerado como el peor, de tal manera, que nadie dudaba que así también era visto por el Cielo. Decían de él que no hubo pecado de la Torá que no cometió. ¿Qué tenía que hacer, entonces; un hombre de esa calaña dentro del Bet Din Hagadol?
El asombro de los Dayanim ya llegó al límite, cuando escucharon lo que salió de los labios de aquel extraño visitante.
- ¡Por favor!- les suplicó- ¡Recíbanme como Báal Teshubá (Retornante camino de la Torá): ¡Estoy totalmente arrepentido!
Los Dayanim, que conocían al hombre y todas sus malas artes, no le creyeron, pensando que ésta sería otra de sus trampas. "Seguramente pretende poner en ridículo al Bet Din y burlarse de él. No podemos arriesgarnos...", fue lo que dijeron antes de decidirse a rechazarlo.
El hombre salió del Bet Din y se encaminó directamente a la casa de Rabenu Ar"í Za”l.
- ¡Rabí! -le imploró- Muéstreme el sendero de la Teshubá. ¡Usted sí debe creerme!
- Ve. Ve a tu casa.- lo tranquilizó el Ar"í -Y debes saber que cualquier persona está capacitada para hacer Teshubá . La Teshubá es un acuerdo que se concreta entre la persona y Su creador. No se necesita de ningún intermedio.
Pero el hombre no cedía.
- Por favor, Rabí -insistía- Dígame algo que deba hacer para arreglar todos mis actos y no me negaré en absoluto. ¡Es que hice esto y aquello...! - y ahí fue cuando comenzó a detallar frente al Ar"í, quien quedó realmente impresionado. No se imaginó que un Yehudí pudiera llegar a semejante bajeza.
- Hijo mío: -le dijo- Por lo que veo, no te alcanzarían ni mil años de vida para hacer una Teshubá tan grande, capaz de borrar todo lo malo que hiciste. Sólo tienes una alternativa: La pena de muerte. Únicamente quitándote la vida lograrás que se perdonen todos tus pecados.
-Acepto! -dijo inmediatamente el hombre -¡Me pongo en sus manos!
¡Ejecúteme, si es que así quedaré limpio de mi horrible pasado!
Llegó el día anterior a Iom Kipur, y el Báal Teshubá se hizo presente en el Bet Hamidrash (Centro de Estudios de Torá) de Rabenu Ar"í, para saber cuál era el veredicto y qué merecía recibir. La decisión de aquel ocasional Bet Din fue la de condenar al pecador a morir con "Serefá. ¿En qué consistía? En verter en la boca del culpable una cucharada de plomo fundido hirviente. Cuando el elemento atraviese su garganta, viajará por su cuerpo incinerando todos sus intestinos.
Era un fallo muy severo, pero el Báal Teshubá. lejos de amilanarse, lo aceptó con alegría.
-Ojalá que de esta manera, encuentre la expiación de mis pecados - dijo. Prontamente, se dispusieron todos los Jajamim del Bet Hamidrash a complementar las indicaciones de Rabenu Aruí: Amarraron las manos y los pies del hombre, y mientras observaba la cuchara con el plomo fundido en ebullición, le fue colocada una venda sobre sus ojos.
-¡Confiésate! ¡Pronuncia el Viduy ("Anna") y luego mantén tu boca abierta! -le ordenaron.
El hombre comenzó a decir el Viduy palabra por palabra, con una profunda concentración, demostrando verdadero arrepentimiento. Cuando llegó, el momento, abrió su boca esperando la caída del flujo ardiente...
Sin embargo, en lugar de recibir fuego mortal, lo que se introdujo en su boca no fue otra cosa que un bocado de una dulce mermelada de frutas. Rabenu Ar"í, mientras el hombre no miraba, cambió la cuchara de plomo por una de mermelada dulce y agradable al paladar. Y mientras se la daba de tragar le decía:
- Se apartó tu pecado, y tu transgresión fue perdonada...
Aquel hombre permaneció unos instantes en silencio... ¿Será posible? ¿Qué fue lo que sucedió? Y cuando estuvo con los ojos libres se percató de la situación.
- Por favor, Rabenu! -clamaba- ¡Cumpla mi sentencia! ¡Quiero que mis pecados sean perdonados de una vez!
- No te preocupes -le dijo Rabenu Ar"í, calmándolo -.Ya nos Dijo Hashea en el Pasuk: "...Porque El no desea la muerte (del pecador)'`. Y los Jajamirn, que nos enseñaron los caminos de la Teshubá, afirman que la imposición de la pena de muerte es sólo una de las maneras con las que quedan limpios los pecados de la persona. Y todo, para que la Teshubá se manifieste de todo corazón: para obtener una Teshubá sincera, acompañada de un auténtico arrepentimiento. Un arrepentimiento de esta naturaleza, seguramente carcome el corazón del pecador; su alma y todo su interior experimentan unos tormentos tan terribles, que resultan más fuertes que todas las muertes del mundo. Sin dudas, esta persona no pecará nunca más en toda su vida...
- También tú- concluyó Rabenu Ar"í sus palabras -obtuviste el Zejut (Privilegio) de que tu Teshubá sea considerada una Teshubá completa. ¡Dichoso de ti! ¡Con lo que demostraste, no hay ninguna necesidad de quitarte la vida!
(Ma-ase-em Shel Tzadikim - Ki Tetzé)(“HAMAOR”; Tomo 2; Kolel MAOR ABRAHAM-KÉTER TORÁ; Ediciones HAMAOR)
viernes, 16 de septiembre de 2011
UNA MITZVÁ QUE ALARGA LA VIDA DE QUIEN LA CUMPLE

Uno de los más grandes personajes del Talmud era Rabí Tarfón. Para él casi no habían secretos en la Torá, y en aquella época, plena de grandes Jajamím (sabios de la Torá), Rabí Tarfón era considerado un gran erudito y Tzadik (Justo).
Un día Shabat, Rabí Tarfón acompañaba a su madre en un paseo por la calle. Hacía tiempo que la mujer no salía, y esa vez disfrutó mucho del sol y del clima agradable. De repente, algo amenazó con malograr el paseo: un zapato de ella se rompió. Es sabido que en Shabat no se permite arreglarlo, y tampoco podía caminar descalza. ¿Cómo iba a regresar aquella anciana a su casa? Rabí Tarfón se agachó y colocó una mano bajo el pie descalzo de su madre, y aunque al principio ella se negó, después tuvo que acceder a la insistencia de su hijo, quien poniendo su palma como suela, permitió que su madre caminara por la calle sin lastimarse hasta llegar a su casa.
Pasó un tiempo y Rabí Tarfón se enfermó gravemente. Vinieron los demás Jajamím a visitarlo, y fueron recibidos por su madre, quien les dijo:
- ¡Por favor! ¡Pidan por Tarfón mi hijo! Él es un verdadero Tzadik. ¡Me atiende y me honra más de la cuenta!
- ¿Más de la cuenta? ¿Por qué dice eso? - preguntaron los Jajamím.
La mujer les contó lo que hace Rabí Tarfón con ella cada día cuando se va a la cama, y lo que sucedió una vez en Shabat cuando se le había roto el zapato. Los Jajamím escucharon esto y le dijeron a ella
- Señora: Debe usted saber que su hijo no hizo ni la mitad del honor que se le debe prodigar a los padres.
De este relato del Talmud, aprendemos que la Mitzvá (el precepto) de Kibud Ab Vaem (Honrar al padre y a la madre) es ilimitada, y no por nada ésta figura en el quinto mandamiento, que leemos en la Perashá de la semana.
Lo que llama la atención es la respuesta que le dieron los Jajamím a la madre de Rabí Tarfón. Si bien es cierta, quizás no era el momento más adecuado para decirla, pues la mujer pidió que aboguen ante HaShem por su hijo, que se encontraba gravemente enfermo. Esta mujer mencionó en Rabí Tarfón la Mitzvá de Kibud Ab Vaem, pues sabía que la Torá recompensa dicha Mitzvá con larga vida, ¡y el comentario de los Jajamím aparentemente minimizó todo lo que había hecho Rabí Tarfón por su madre!
La verdadera explicación es la siguiente: De ninguna manera los Jajamím quisieron menospreciar el respeto y el honor que Rabí Tarfón le prodigaba a su madre. Al contrario: Con sus palabras le dieron a entender a ella que Rabí Tarfón se curará y vivirá muchos años más. Por eso le dijeron: "Lo que hizo, fue sólo la mitad. ¡Va a vivir el doble de lo que vivió hasta ahora, para cumplir la otra mitad...!” (Mipí Hashemu-a)
martes, 6 de septiembre de 2011
EL QUE APUESTA SIEMPRE PIERDE

Dijeron nuestros Jajamim: "La persona debe ser humilde (y paciente) como Hilel..." Sucedió una vez que dos hombres hicieron una apuesta. Dijeron: "El que logre poner nervioso a Hilel, ganará del otro cuatrocientas monedas". Dijo uno de ellos: "Yo puedo hacerlo!"
Cuando vio que alguien lo estaba llamando, Hilel se vistió y salió a atenderlo.
-Tengo una pregunta... - le dijo el hombre.
- Claro. Dime, ¿Qué quieres saber? Pregúntame.
- A ver: ¿Por qué la cabeza de los babilonios es demasiado redonda?
- ¡Oh, una muy buena pregunta hiciste, hijo , Hilel siempre estimulaba a los que preguntaban, aunque sus preguntas fuesen ridículas. Y esto, para que no dejen de preguntar en el futuro. Le respondió: Porque las parteras de Babilonia no tienen tanta experiencia, y no saben muy bien agarrar a los bebés cuando nacen...
Pasó un rato, y el hombre volvió nuevamente a la carga:
-¿Aquí vive Hilel?
Se vistió Hilel y salió a atenderlo.
- ¿Qué necesitas, hijo?
- Tengo una pregunta.
-Adelante, pregunta.
-¿Por qué los beduinos tienen los ojos rasgados?
- Fíjate que ésa es una muy buena pregunta: Porque ellos viven en medio de las dunas, y HaShem los hizo con los ojos entrecerrados para impedir en lo posible la entrada de la arena...
Pasó otro rato, y el hombre regresó.
-¿Aquí vive Hilel?
-¿Qué necesitas, hijo? - le dijo Hilel, después de vestirse nueva- mente.
-Tengo una pregunta para hacerle.
- Adelante, pregunta.
- ¿Por que los africanos tienen la planta de los pies tan ancha?
- Ciertamente, ésa es una excelente pregunta. Te explico: La mayoría de los africanos viven en zonas pantanosas y casi todos caminan descalzos, y los pies anchos les permiten mantener el equilibrio.
El hombre vio que no había manera de poner nervioso a Hilel, y trató de hacerlo de otra manera:
- ¿Sabe una cosa? Tengo muchas otras preguntas, y tengo miedo de hacérselas porque seguramente se va usted a enojar conmigo... Hilel se acomodó en un asiento y le respondió con calma:
-Todas las preguntas que tengas házmelas. Estoy dispuesto a responderlas.
- ¿Es usted el Hilel, al que todo el mundo conoce como el "Príncipe de Israel"?
- El mismo.
- ¡Pues que no haya muchos como usted en nuestro pueblo! - Hijo: ¿Por qué dices eso?
- Porque por su culpa perdí cuatrocientas monedas. Aposté esa cantidad a que lo hacía enojar, y no pude.
- No, no. Te equivocas; no pienses en lo que perdiste. Vale la pena pagar cuatrocientas monedas, y otras cuatrocientas monedas más, con tal de ver que Hilel jamás se va a enojar por nada...
(Extraído de Maséjet Shabat 31. y Mefarshim)
lunes, 27 de junio de 2011
CAMINO A CASA

Abandonó el aeropuerto y se dirigió directamente hacia la zona de los especialistas en el ramo diamantero. Luego de un rato, ya había utilizado casi toda la cantidad que había llevado.
Le quedaban mil dólares, lo que le alcanzaría para su regreso con todas las comodidades, como él acostumbraba a viajar.
Ya estaba empacando sus pocas pertenencias, y suenan unos golpes en la puerta de la habitación de su hotel. Abre y aparece un desconocido.
-Disculpe, señor - le dice -. ¿Me permite un minuto, por favor?
-Adelante - respondió el hombre con reservas.
-Escuché que usted es un hábil y exitoso comerciante de piedras. Quizás esté interesado en comprarme un lote a mí. Le aseguro que no se arrepentirá. Es de muy buena calidad y a un precio realmente ventajoso.
-Verá usted, señor. Seguramente hubiera aceptado en otra oportunidad, pero ahora me he quedado sin dinero.
-Es que... De veras vale la pena - insistió el otro.
-Puede ser, pero lo lamento. Sólo me quedan unos dólares para regresar a mi casa...
Sin embargo, dentro de él ardía la curiosidad de saber qué era lo que le estaba ofreciendo.
-Este... ¿Podría ver qué es lo que tiene, si no hay inconveniente? le pidió.
El hombre de la calle abrió un maletín y de ahí surgió un fulgor impresionante. El comerciante no podía creer lo que tenía frente a sus ojos: Realmente ésos eran unos diamantes como hacía mucho tiempo no veía. Los observaba; los analizaba; los admiraba... -¡Oh! ¡Oh! ¡Esto sí es una maravilla..! - exclamaba.
-Yo también sé que son piedras muy valiosas - reconoció el otro hombre. Y agregó: - Lo que pasa es que estoy muy necesitado de fondos porque tengo que afrontar deudas astronómicas. A usted no lo puedo engañar. Usted sabe que éstas son auténticas y aquí tiene el certificado de que me pertenecen. Si acepta comprármelas ahora mismo, se las doy a un precio regalado.
-¿Cu ... Cuánto? - el comerciante casi se había arrepentido de preguntar. Seguramente no tendría con qué pagar.
-Este lote vale varios miles de dólares. Deme mil dólares y es suyo.
"¡Mil dólares!", pensaba el comerciante. "¡Este hombre no sabe lo que dice! ¡Me lo está vendiendo por menos del diez por ciento de su valor!"
No sabía cómo hacer para ocultar su contrariedad. ¡Tenía una fortuna al alcance de su mano y no podía comprarla!
- Quinientos dólares... - le ofreció, calculando que el resto le iba a permitir regresar a su casa (aunque no "en primera", como a él le gustaba).
-Mil y ni un dólar menos. Es la cantidad que necesito.
"Tiene razón", pensó el comerciante. "No tiene por qué hacerme más rebaja de la que ya me hizo. Pero, ¿cómo haré para volver a casa?", se preguntaba.
Luego recordó que le habían quedado unos billetes sueltos y unas monedas; quizás con eso le alcance. Porque en realidad, no resultaba lógico dejar pasar una oportunidad como ésa. Jamás se le presentaría algo semejante.
-¡Trato hecho! - metió la mano en su bolsillo y sacó un fajo de billetes - Cuéntelo. Aquí tiene exactamente mil dólares.
Cuando el hombre se retiró y él se quedó solo en su cuarto con el lote de piedras, se dio cuenta que efectuó la operación comercial más importante de su vida. Pero al mismo tiempo, estaba preocupado: Aquellos billetes y monedas, quién sabe si le permitirían viajar; ya no como estaba acostumbrado a hacerlo, sino "viajar" en todo el sentido de la palabra.
Efectivamente, no había medio de transporte "normal" que lo lleve a su casa con la cantidad tan exigua con la que pretendía pagar. La gente lo miraba extrañada: Un hombre tan bien vestido, buscando precios en las ventanillas de ómnibus más corrientes y baratos. ¡Y le parecía caro!
Se le acercó un hombre de aspecto no muy elegante que digamos.
-Señor: He visto que está buscando algo o alguien que lo deje en esa ciudad que mencionó. ¿Cuánto dinero tiene?
El comerciante se lo dijo.
-Hasta a mí me parece poco... - dijo el hombre haciendo una mueca. -Bueno. Si quiere yo lo llevo por esa cantidad: tengo que pasar por ahí. Pero le advierto que mi camión no es lo que se dice "de lujo", ¿eh?
Cuando el comerciante lo vio, se dio cuenta que el hombre había exagerado. No es que el camión no era "de lujo", sino que era miserable. Aparentemente, ahí viajaban sólo personas que apenas si tenían para comer. Pero no era ése un momento para ponerse a exigir comodidades (eso vendría después). Ahora hay que llegar a casa, a como dé lugar...
Sentado en uno de los asientos, apretaba contra su pecho el gran tesoro que había tenido la suerte de conseguir por tan poco. Mientras el camión transitaba por la carretera, se ilusionaba y hacía proyectos, imaginándose qué es lo que iba a comprar con las grandes ganancias que le proporcionarán las piedras.
Sintió que alguien lo miraba. Se volteó, y vio que un hombre de pobre apariencia lo estaba observando detenidamente. Pasó un rato, y el hombre seguía sin despegar sus ojos de él. De pronto, se le acercó.
-Disculpe. Yo a usted lo conozco...
-Puede ser...
-¡Claro! Usted es el famoso comerciante de diamantes. Una vez lo vi pasar mientras yo trabajaba de pintor en un edificio.
El comerciante asintió con la cabeza.
-Y... ¿se puede saber por qué está usted viajando en un camión como éste? Me imagino que un hombre de su riqueza no utiliza otro medio de transporte menor que la primera clase de los aviones...
-Tiene usted razón. Yo ni sabía que existía este tipo de camiones. Pero aunque no me lo crea, le diré que me he quedado sin dinero y no tuve otra alternativa para poder llegar a mi casa.
El comerciante le contó al hombre pobre todo lo que había sucedido. y cómo hizo lo que hizo para no dejar de aprovechar la ocasión de hacerse de ese lote de diamantes que muy difícilmente encuentre otra vez. Luego concluyó:
-Es cierto que podía haber optado por seguir viajando en primera, y me hubiese ahorrado todo este sufrimiento de hacer un viaje tan incómodo y desagradable. Todavía me falta alojarme en lugares muy precarios, en las escalas que haré antes de arribar a la ciudad donde vivo. En el trayecto, tendré que olvidarme de los manjares que incluyen mi menú diario, y los reemplazaré por comidas que apenas me permitan subsistir. Estoy consciente de las penurias que tendré que soportar antes de trasponer la puerta de entrada de mi casa. Pero pensé que vale la pena pasar un rato desprovisto de lo que a uno le gusta, y aguantar, con tal de disfrutar después de toda una vida llena de satisfacciones y placeres... Cada vez que me invade la angustia por todas las privaciones por las que estoy pasando, abro el maletín donde guardo las piedras preciosas, y esa angustia es reemplazada por una sensación de felicidad, que disfrutaré como nadie y como nunca, en un futuro no muy lejano...
La figura del destartalado camión se alejaba en el horizonte. El comerciante no estaba muy seguro de haber convencido al pobre de sus ideas, pero sin embargo, era el único pasajero que viajaba con una sonrisa en sus labios.
Sabía que al final de ese trayecto tan dificultoso, le esperaba el bienestar eterno...
Todo este relato es ficticio, que sirve como una parábola que la compararemos con nuestra vida en este mundo.
Nuestros Jajamím nos enseñaron que la persona debe hacer todo lo posible por acumular méritos en la vida terrenal, para que le permitan acceder al Mundo Venidero. Está escrito: "Este es el Camino de la Torá. Pan con sal comerás; agua con medida tomarás, y sobre el piso dormirás... Si así lo haces, dichoso de ti en este mundo y bendito serás en el Mundo venidero" (Pirké Abot VI).
Como se mencionó, todo el objetivo de la persona es acceder a su lugar en el Mundo Venidero. Podría ser que para obtenerlo tendrá pasar privaciones y abstenciones, y se verá obligado a vivir "pobremente" mientras se dirige "a su casa".
Aquí en este mundo, es el único lugar donde es posible cumplir las Mitzvot (los preceptos) de la Torá. Esta oportunidad no la encontraremos cuando acabe nuestro ciclo vital, por lo que debemos aprovecharla de cualquier manera. Si podemos hacerlo cómoda y satisfactoriamente, bien. Si no; si para cumplir las Mitzvot debemos dejar de lado muchas de las cosas que nos gustan, recordaremos que éste es sólo un mundo pasajero.
Hagamos como el diamantero: Cuando estemos por perder la paciencia y las esperanzas, abramos un libro de Torá, que es el "cofre' donde están depositadas las piedras preciosas que supimos acumular durante nuestra vida. De ahí adentro brotará un resplandor que aliviará nuestros pesares. Y ese resplandor será sólo un pálido reflejo: una simple muestra, de la fulgurante luminosidad que nos espera en el Futuro Venidero...
(Extraído de Mishié Jafetz Jairn - ~hal 113)(“HAMAOR”; Tomo 2; Kolel MAOR ABRAHAM-KÉTER TORÁ; Ediciones HAMAOR-MÉXICO
domingo, 19 de junio de 2011
LA INCREÍBLE RECOMPENSA DE LA TZEDAKÁ

Ha sido enseñado: Se cuenta el siguiente incidente acerca de Benjamín el Justo, quien fuera supervisor del fondo de Tzedaká. Un día, durante un año de escasez, una mujer fue a verlo y le dijo: ‘Señor, asistidme.’ El replicó: ‘Juro que no hay un centavo en el fondo de Tzedaká.’ Ella dijo: ‘Señor, si no me asiste perecerán una mujer y sus siete hijos.’ Por lo tanto, él la ayudó de su propio bolsillo. Algún tiempo después, enfermó peligrosamente. Los ángeles se dirigieron al Santo, Bendito sea Él, diciendo: ‘Soberano del Universo, Habéis dicho que aquel que preserva un alma de Israel es tenido por Preservador del mundo entero; Benjamín, quien ha preservado a una mujer y a sus siete hijos, ¿Habrá pues de morir a una edad tan temprana?’ Inmediatamente su sentencia fue eliminada. Ha sido enseñado que veintidós años fueron añadidos a su vida. Baba Batra 11a.
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Nuestros Rabinos enseñaron: Cuando Rabí Yose ben Kisma estuvo enfermo, Rabí Janina ben Teradion fue a visitarle. Aquel le dijo: ‘Hermano Janina, ¿no sabéis que es el cielo el que ha ordenado que esta nación [romana] reine? Porque aunque ella devastó Su casa, quemó Su templo, masacró a Sus hombres justos e hizo que Sus mejores hombres perecieran, ¡sigue estando firmemente establecida! ¡Con todo, he oído acerca de ti que os sentáis y te ocupáis de la Torah, reunís asambleas públicas y conserváis en vuestro regazo un rollo [de la Torah]!’ (En violación de la prohibición de los Romanos). El replicó: ‘El cielo mostrará compasión.’ ─ ¡‘Os estoy contando los hechos como son y sólo decís, "El cielo mostrará compasión "! Me sorprenderá si no os queman con fuego al igual que el rollo de la Torah’ ‘Rabí’, dijo el otro, ‘¿en qué situación estoy respecto al mundo por venir?’ ‘¿Habéis hecho algún acto en particular?’, preguntó Rabí Kisma. El otro replicó: ‘Una vez me equivoqué creyendo que el dinero de Purim [para la comida de Purim] era dinero ordinario de Tzedaká y lo distribuí [por mi propia cuenta] a los pobres.’ ‘En ese caso’, replicó el otro, ‘desearía que vuestra porción fuera mi porción y vuestro lote el mío.’Avodá Zara 18a.
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El solía decir: Diez cosas fuertes han sido creadas en el mundo. La roca es dura, pero el hierro la hiende. El hierro es duro, pero el fuego lo suaviza. El fuego es duro, pero el agua lo apaga. El agua es fuerte, pero las nubes la cargan. Las nubes son fuertes, pero el viento las dispersa. El viento es fuerte, pero el cuerpo lo aguanta. El cuerpo es fuerte, pero el miedo lo aplasta. El miedo es fuerte, pero el vino lo disipa. El vino es fuerte, pero el sueño lo evapora. La muerte es más fuerte que todo y la Tzedaká salva de la muerte, como está escrito (Mishlei/Proverbios 10:2): “Y la Tzedaká libra de la muerte.”Baba Batra 10b.
miércoles, 25 de mayo de 2011
El entierro de Moshé Kamtzn (el avaro)

Parece ser que todos sabían que era un hombre con bastantes medios económicos, es muy bien sabido que este diminutivo no es nada agradable, no es fácil sacarlo de encima, y a cada paso que daba recibía ofensas y maldiciones, porque … quien quiere ser amigo de un mezquino.
Cuando falleció Moshé todos estaban seguros que nadie, le acompañaría al cementerio, cuál fue la sorpresa de la gente, cuando uno de los grandes rabinos de esa generación el Zeviler Rebe, el santo y venerado Rabí, informó que él personalmente participaría en el entierro y pronunciaría un “hesped” (discurso mortuorio).
La noticia formo un revuelo entre los habitantes de Ierushalaim, quienes lo comentaban por las callejuelas de la ciudad santa, en las sinagogas y en las casas de estudio.
Todos entendieron que si el Rebe, participaba en el entierro, seguro que tendría una poderosa razón.
A la hora convenida se reunió una gran multitud, junto con rabinos eruditos, alumnos, pueblo; en fin todos vinieron.
Acompañaron a Moshé Kamtzn (Moshé el avaro), a su última morada.
El Admur Rabí Shlomke de Zwiel, paz en su santa memoria, dijo solo dos palabras y todos comenzaron a llorar.
Ustedes bien saben – dijo el Rebe – que cuando alguien tiene que casar a un huérfano o a una huérfana en Ierushalaim vienen a pedir ayuda y reciben todo lo necesario, quiero avisarles hoy que todo esto se terminó… R’ Moshé Kamtzn, que yace aquí, es el hombre que siempre me dio en secreto, el dinero necesario para las bodas de los huérfanos, con una condición, que no le dijera a nadie que era él quién cumplía con la mitzvá, con esta loable acción. Ahora debemos buscar a otro “Kamtzn”, otro avaro como él, y hasta que lo encontremos no se dirijan a mí, sobre “Tzedaká” (caridad), y ayuda para novios y novias huérfanos.
Rab Moshé Kamtzn, un ejemplo de hacedor de buenas acciones, que estaba dispuesto a sufrir humillaciones, para no romper con su voluntad de ser humilde y hacer el bien, sin que nadie sepa de él.
¿Conoce usted alguien como él en estos tiempos?
¡Si saben de alguien, háganmelo saber!
http://www.torahenfamilia.com/
miércoles, 23 de marzo de 2011
LA CARIDAD POR UN LADO, Y LOS NEGOCIOS POR OTRO

Después del tiempo estipulado, la Rabanit regresó a la casa del sastre a retirar el vestido, y percibe que de los ojos del modisto brotaban lágrimas.
-¿Por qué llora? ¿Lo puedo ayudar? – le preguntó la mujer.
El sastre le contó lo sucedido:
Mi hija se comprometió días atrás. Ayer llegaron los parientes del novio a esta casa y vieron que yo estaba preparando un vestido nuevo. Creyeron que era para mi hija. Pero ellos no saben que yo no tengo dinero ni para comprar la tela. Cuando sepan que el vestido no es mío, tendremos problemas, porque yo no pude aportar ni siquiera un vestido decente para mi hija. Y ella… -los sollozos lo interrumpieron – sufrirá mucho… Hasta se puede decir que todo el compromiso peligraría…
-No se preocupe dijo la Rabanit-. El vestido realmente es de su hija. Quédese con él y… ¡Mazal Tob!
-¿Y dónde está tu nuevo vestido? – le preguntó Rab Zusia a su esposa, que la vio venir de la casa del sastre con las manos vacías.
La mujer le relató a su marido lo que pasó.
-Ah, muy bien. Te felicito- le dijo Rab Zusia-. Y dime… ¿Le pagaste al sastre por su trabajo?
-Pero… ¡Si le di toda la ropa como regalo!
El pobre sastre- le explicaba Rab Zusia a su esposa-, trabajó días y noches para satisfacer tu pedido, no para hacer lo que su hija le pidió. Ansioso estuvo todos estos días, esperando recibir el pago de su esfuerzo, con el cual seguramente alimentará a su necesitada familia. Ahora, es cierto se quedó con la ropa, pero ¿Por qué el sastre tiene que quedarse sin cobrar por lo que hizo? ¿Por qué a ti se te ocurrió regalarle el vestido a su hija…?
La Rabanit captó el mensaje y, además del preciado regalo que le dejó, regresó a la casa del sastre para pagarle…
(Ma-asehem Shel Tzadikim II 372)
