jueves, 31 de enero de 2013

HISTORIAS PARA CONTAR EN SHABAT (XXIII): El hombre debe ser optimista

En una ciudad vivía una acaudalada persona, muy honrada por sus amigos. Este hombre tenía dos hijos.
Los hijos, comían y bebían en exceso y despilfarraban el dinero de su padre en cosas superfluas, sin preocuparse por mantenerse a sí mismos.
Así se siguieron comportando incluso, cuando dejaron la adolescencia y se convirtieron en adultos.
Hijos únicos de padre y madre que los mimaron en demasía e inmediatamente satisfacían todos sus pedidos.
Un día, cuando el padre observo que se acercaba a la edad de  setenta años pensó: ¿que pasara después de mi muerte? ¿Cómo se mantendrán mis hijos?
Llamó el padre a sus hijos y les dijo: el final de mis días se acerca y a pesar de mi gran riqueza, esta no es estática, lo mismo que la situación económica y no sé como evolucionaran los acontecimientos.
 
Hizo el padre una pequeña interrupción en sus palabras y continúo: Por lo tanto, les propongo que no se apoyen en mi ayuda toda la vida y empiecen a trabajar. El ocio es muy contraproducente y lleva al pecado y al aburrimiento. Yo les entregare a cada uno, una importante suma de dinero y ustedes busquen un trabajo apropiado.
Todos los gastos, como alquiler de negocio, etc. correrán a mi cuenta. El capital que ganen será por completo de ustedes, pero durante un tiempo no toquen al capital, ni a las ganancias acumuladas y así podrán llegar al nivel económico que yo llegue.
Lo único que les pido, que una vez por semana me envíen un informe sobre todas las actividades comerciales de la semana.
Respetaron los hijos la voluntad de su padre, recibieron de  él, el dinero prometido y salieron a buscar un negocio apropiado.
Luego de búsquedas y averiguaciones, decidieron que el negocio más apropiado, es el comercio de frutas y verduras. En este negocio se podía obtener una buena ganancia y se trataba de un artículo que todos debían comprar.
Como su padre, los hermanos tenían un amplio sentido comercial, y se aconsejaron con comerciantes del ramo que convenía comprar.
Uno de los vendedores les aconsejó comprar una gran partida de manzanas, que en esa época estaban muy baratas y dentro dos semanas estaban destinadas a encarecerse mucho.
Compraron doscientos kilos de manzanas y las conservaron en el negocio, vendiendo entre tanto otras frutas y verduras.
En esos días no existía la posibilidad de almacenar gran cantidad de frutas en depósitos frigoríficos, de manera tal que los comerciantes que poseían gran cantidad de frutas o verduras se veían obligados a venderlos a un bajo precio, antes que se pudran.
Al fin de la primer semana de trabajo fueron llamados por su padre y pregunto al hijo mayor en que se ocuparon durante la semana.
Comencé a vender frutas y verduras con una ganancia de cien Francos — respondió el hijo.
Saco el padre de su bolsillo cien francos y se los entrego a su  hijo mayor y de la misma manera hizo con su hijo menor.
En la segunda semana pensaron vender las manzanas, pero estas empezaron a pudrirse y no encontraron clientes. Perdieron esa semana los hermanos una suma considerable. El primogénito recibid la perdida duramente y se sintió deprimido. En cambio el hermano menor no se preocupó, siendo consciente que así es el comercio, a veces se gana y a veces se pierde y confió que a largo plazo el éxito los acompañara.
Al terminar la segunda semana, se presentaron los hijos delante de su padre, el padre pregunto según su costumbre al hijo mayor por el resultado de la semana.
Fue muy malo contesto el hijo, perdí esta semana ciento cincuenta Francos, estoy desesperanzado y muy desilusionado, no sé si seguiré trabajando y sacó de su bolsillo ciento cincuenta Francos y los entrego a su padre. Se dirigió el padre a su segundo hijo y formuló la misma pregunta.
No fue tan buena como la semana pasada — respondió el hijo, sin mencionar la perdida.
_  ¿Cómo fue la semana pasada? — Volvió a preguntar el padre — Gane cien francos — fue la respuesta.
Saco el padre cien francos de su bolsillo y se los entrego a su hijo menor. Se sorprendió el primogénito por la discriminación que veía y le pregunto cortésmente a su padre cual era el motivo de su acciones.
La respuesta del padre fue: tu hermano no se quejó, ni expresó que perdió durante la semana, solo dio a entender que la semana no fue tan exitosa como la semana anterior, por lo tanto le entregue la cantidad de dinero que mencionó que ganó la semana anterior.
Tu en cambio, hijo mío, hablaste explícitamente sobre el fracaso de la semana, que estas desesperanzado y no sabes si continuaras trabajando. Por eso exigí, que me entregues el dinero que perdiste según lo convenido.
De esto quiero que aprendas la lección, hijo mío: Recordar las palabras de nuestros sabios: "Que siempre comience el hombre con las cosas positivas."
No le abras la boca a Satán — concluyó el padre sus palabras de reprimenda, acostúmbrate a decir siempre: "También esto es para bien" y el bien llegara con la ayuda Divina.
Sea Su voluntad que el bien y Su bondad te persigan toda la vida.

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