viernes, 9 de julio de 2010

HISTORIAS PARA CONTAR EN FAMILIA (X)

36. El Trabajo Temporario

El Jafetz Jaim contó una vez la siguiente parábola:

Un día Moshé se encontró en la calle con su viejo amigo Iaacov, quien tenía una triste expresión en su cara.

"¿Qué te ha pasado?" - preguntó Moshé a Iaacov.

"Ya hace varias semanas que no tengo trabajo" - se quejó Iaacov - "y ya no me quedan muchos ahorros".

"Sabes qué, Iaacov" - dijo Moshé - "ven conmigo y trabaja para mí. Yo te pagaré muy bien".

"Muchas gracias, Moshé! A mí me encantaría hacerlo, pero dime, ¿es un trabajo permanente o temporario?".

Moshé respondió: "Perdóname, pero es solamente temporario, por algunos meses".

"Si ese es el caso" - dijo Iaacov - "yo no puedo aceptar el trabajo que me estás ofreciendo. El asunto es que mi jefe me despidió sólo por algunas semanas. Si yo tomo tu trabajo, me tomará algunos meses terminarlo y cuando quiera volver a mi trabajo anterior, mi antiguo jefe no me tomará nuevamente. Él me dirá que puesto que yo no estuve disponible cuando él me necesitaba, él ya no me necesita. Es por eso que no me vale la pena perder mi trabajo permanente por uno temporario, y prefiero sufrir un poco antes que perder mi trabajo permanente".

El Jafetz Jaim comparó esto a lo que nos pasa a nosotros en nuestras vidas. Frecuentemente sufrimos a causa de nuestros pecados, y podemos tener problemas financieros o de salud o cualquier otro inconveniente. Entonces, el ietzer hará (impulso del mal) intenta convencernos de que por cuanto que estamos sufriendo, D'os ya no quiere una relación de cercanía con nosotros. Pero nosotros debemos recordar que el sufrimiento es sólo temporario, y nuestros pecados serán perdonados.

37. Ebrio o Sobrio

El Jafetz Jaim una vez habló sobre el día que vio a un ebrio tirado en la vereda en la ciudad de Vilna. Los chicos lo rodeaban, riéndose de él. Una persona se acercó al ebrio y con una sonrisa burlona le dijo: "¿Qué clase de hombre eres tú? Es una lástima que tú no sabes la humillación que causa la embriaguez. Si yo me hubiese embriagado hubiese sido cuidadoso en no dejarme caer en la vereda y mostrar así a todo el mundo que estoy ebrio".

El Jafetz Jaim comparó la actitud de este espectador hacia el ebrio, con la actitud de las personas comunes hacia las personas ricas. Así como el espectador sobrio asumió que incluso si él iba a embriagarse, iba a conservar su comportamiento responsable, cuando de hecho la mayoría de las personas no se hubiesen comportado diferentemente del hombre ebrio, así también las personas pobres critican a los ricos porque son tacaños, y están seguros de que si ellos fueran los ricos donarían generosamente, cuando de hecho la mayoría se comportaría de igual manera que aquellos que son criticados.

En otras palabras, muchas personas critican a los ricos que no dan tanta caridad como sus posibilidades les permiten. Ellos dicen que si ellos serían ricos ellos darían caridad con mano generosa. Semejantes personas se olvidan que ellos están hablando en un momento en el cual son pobres y es por eso que ellos piensan que tienen un buen corazón.

Sin embargo, si ellos se enriquecieren, es bastante probable que cambien su corazón y se transformen en personas tan tacañas como las personas ricas a las que ellos critican. La riqueza es similar a la embriaguez, su naturaleza tóxica causa que la persona se olvide de sus obligaciones.

38. Gracias… Por La Naranja!

Rabí Iosef Jaim Zonenfeld, el famoso Rabino de Jerusalem, llegó a Jerusalem por primera vez en el 1873. Un día él fue con un amigo al Cotel. En el camino, un comerciante árabe le tiró una naranja podrida al Rab Zonenfeld, quien respondió diciendo al árabe: "Gracias" - en Idish.

Lleno de curiosidad, el árabe le pidió al acompañante del Rab que le traduzca lo que él había dicho. El acompañante le tradujo, y el árabe se sorprendió.

Entonces, el Rab Zonenfeld le explicó: "yo agradecí que me tiraste una naranja y no una piedra".

El árabe se avergonzó de su acto, y desde ese día siempre honró al Rab cada vez que pasaba por la puerta de su negocio.

39. Un Camino en la Nieve

En una noche de invierno muy fría y con mucha nieve, el Jafetz Jaim llegó a la ciudad de Lomza. Puesto que él no quería despertar a nadie, fue directamente hacia la famosa ieshivá de Lomza, dirigida por el Rab Eliezer Shulevitz, pues sabía que allí encontraría a personas estudiando Torá en la noche tarde. Él caminó en medio de la espesa nieve hasta que llegó a la calle de la ieshivá, y se sorprendió al ver que el camino había sido despejado completamente hasta la puerta de la ieshivá. Él pensó que el encargado de la ieshivá había hecho este difícil e inesperado trabajo en honor a los alumnos de la ieshivá, y por este esfuerzo especial él estaba muy agradecido al encargado con todo su corazón.

En la mañana, cuando el Jafetz Jaim vio al encargado, lo alabó con palabras cálidas, señalando su devoción por los alumnos de la ieshivá. El encargado le dijo: "Usted me está agradeciendo en vano. Hacía tanto frío ayer en la noche que yo no me levanté de mi cálida cama hasta hoy en la mañana".

El Jafetz Jaim se preguntó quién era el tzadik que había despejado el camino de nieve. Después de investigar el asunto, descubrió que no había sido otro que el Rosh Ieshivá, Rabí Eliezer Shulevitz. El Rab lo había hecho calladamente, después de ver que el encargado no había hecho su trabajo.

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